Su tono delataba cierta decepción, pero no apartó la mano del vientre de la joven de inmediato.
Un calor reconfortante emanó de su palma, aliviando en gran medida los molestos cólicos.
Josefina lo empujó levemente.
—¿Ya te vas a ir?
Benjamín la miró sin entender.
—¿Y por qué me iría?
Josefina le lanzó una mirada llena de sarcasmo.
—No estoy en condiciones de satisfacer tus ganas. ¿Qué chiste tiene que te quedes?
Al escucharla, el rostro del hombre se ensombreció.
—¿De verdad crees que solo pienso en eso todo el tiempo? —preguntó con voz grave.
Josefina no respondió con palabras, pero su expresión lo decía todo.
Exactamente, era ese tipo de hombre.
Benjamín soltó una carcajada amarga, producto de la pura frustración.
Acto seguido, la levantó en brazos y caminó hacia la cama.
Al darse cuenta de lo que hacía, Josefina abrió los ojos como platos.
—¡¿Estás loco?! ¡Te acabo de decir que estoy en mis días!
Benjamín la recostó sobre el colchón y le soltó con frialdad:
—Si tanto dices que solo me interesa eso, ¿por qué habría de importarme si estás en tus días o no?
Josefina se quedó muda del asombro.
Antes de que pudiera reaccionar, él se inclinó sobre ella, besándola de forma posesiva, arrebatándole el aliento y adueñándose de sus labios.
Josefina por fin reaccionó y comenzó a forcejear con todas sus fuerzas.
En un acto desesperado, incluso le dio una cachetada.
Pero él solo se detuvo un instante y luego retomó los besos.
La besó por un largo rato, hasta dejarle los labios enrojecidos e hinchados.
Josefina jadeaba con la respiración entrecortada.
—¡Benjamín, no me obligues a odiarte!
—¿Acaso no me odias ya? —Benjamín se separó de sus labios, contemplando el efecto de su atrevimiento con una mirada que denotaba intensidad.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte