Josefina se zafó bruscamente de su agarre. Sus ojos claros lo fulminaron con una mirada gélida mientras le exigía, bajando la voz: —¿Cómo sabías que mi abuela iba a venir?
¿Acaso él la tenía vigilada?
Al sentir cómo ella se apartaba, Benjamín experimentó una punzada de incomodidad. A pesar de notar el semblante distante de ella, se justificó: —Mi asistente se fue de viaje de negocios y la reconoció cuando salía del aeropuerto.
Hizo esa breve aclaración y luego clavó sus ojos en ella. —¿Qué pasa? ¿Crees que yo fui quien trajo a tu abuela a propósito?
Josefina soltó una risa sarcástica. —¿Me vas a decir que no serías capaz de hacer algo así?
Benjamín, como si de verdad lo estuviera reflexionando, terminó asintiendo. —La verdad es que sí sería capaz.
A Josefina lo dejó muda su descaro.
Le dio flojera seguirle el juego.
Pero, por otro lado, estaba hecha un lío, dudando si debería confesarle a su abuela que ya había empezado los trámites de divorcio.
Sabía bien que, tarde o temprano, la verdad saldría a la luz.
Josefina lo miró fijamente y le advirtió: —Yo misma le hablaré del divorcio, pero te exijo que mantengas la boca cerrada sobre todo lo demás que ha pasado.
Si la señora se enteraba del divorcio, a lo mucho creería que ya no se llevaban bien. Pero si descubría todas las cosas espantosas que ella había soportado últimamente, ¡a la abuela se le rompería el corazón y de puro coraje se le subiría la presión!
Pero la expresión de Benjamín se ensombreció ante sus palabras. —¿Tú crees que la abuela aguantaría la noticia de nuestro divorcio?
—¡Ja! —Josefina se burló—. Hoy en día sobra la gente joven que se divorcia. Mi abuela tiene la mente muy abierta, ella lo va a entender sin problema.
Sin molestarse en volver a verlo, se dio la vuelta y comenzó a subir las escaleras.
—Pero, ¿y si yo no quiero divorciarme?
La voz serena y pausada del hombre resonó a sus espaldas.
Josefina giró la cabeza de golpe. —¿Qué quieres decir con eso?
—Quita la demanda. Cuando tu abuela tenga los aretes de zafiro en sus manos, yo mismo me encargaré de que regrese bien a su casa, y nunca se enterará de nada de lo que ha pasado —dijo Benjamín parándose justo frente a ella y hablando despacio—. Pero si te niegas a retirar la demanda, me aseguraré de que tu abuela se entere de absolutamente todo.

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