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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 292

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Josefina se quedó muda ante su descaro.

No podía creer lo que estaba viendo.

Se quedó de pie junto a la puerta, frunciendo el ceño.

—¿Qué quieres exactamente?

Benjamín miraba hacia el frente y habló con un tono sereno:

—Hoy me notificaron. El juicio es en tres días.

La expresión de Josefina cambió ligeramente.

—¿Y qué me quieres decir con eso?

—Tengo muchísimas formas de evitar que se lleve a cabo ese juicio. —Benjamín volteó a verla con una mirada intensa y penetrante—. Sube, Jose. No te voy a hacer nada.

Josefina se sintió amenazada. Lo miró con incredulidad.

—No me digas que planeas irte contra el juez...

Benjamín no respondió, solo se quedó mirándola fijamente.

Sintió una fuerte presión. Sabía perfectamente que él era capaz de hacerlo.

Su buen humor se hizo pedazos en un instante. Con el rostro tenso, subió al coche y cerró la puerta de un fuerte portazo.

—Ya no te amo, ¿qué caso tiene que me sigas acosando? —le recriminó Josefina, volteando a verlo. ¿Acaso no había sido lo bastante clara?

Benjamín frunció su apuesto ceño, sin creer una sola palabra de lo que decía. Habían estado juntos durante ocho años. ¿Cómo no iba a saber él si ella lo amaba o no?

—Llévame a mi casa —pidió él simplemente.

—¡Mejor vete a la chingada! —estalló Josefina, incapaz de contenerse más.

Benjamín le lanzó una mirada sombría y murmuró:

—Jose, trata de calmarte un poco. Si lo haces, tal vez decida no intervenir en nada.

Josefina soltó una carcajada sarcástica.

—Preferiría creer que los cerdos vuelan antes que creer en tu palabra.

El hombre soltó una risa grave.

—¿No me crees?

Josefina apartó la mirada, encendió el coche y comenzó a conducir en dirección a Residencial Valle Niebla.

—Hoy mandé lejos a mi abuela —dijo él de repente.

Tras unos instantes, la voz profunda de Benjamín resonó en el coche. Su tono era monótono:

—Me maldijo. Me dijo que el que debió morir hace cuatro años era yo.

Acto seguido, volteó a verla.

—No te hagas. Ya llegaste, así que bájate de mi coche.

Pero Benjamín ni se inmutó.

El ambiente dentro del vehículo se volvió extraño. Sin saber por qué, Josefina sintió una repentina tensión y una chispa de alerta se encendió en sus ojos.

—¿De verdad no podemos cancelar el divorcio?

Después de un largo rato, la voz ronca del hombre rompió el silencio.

Ya había perdido la cuenta de cuántas veces le había preguntado lo mismo.

La respuesta de Josefina también seguía siendo la misma de siempre:

—El divorcio es definitivo.

—Está bien.

Benjamín aceptó sin más y se bajó del coche.

Esa simple respuesta dejó a Josefina completamente pasmada. Lo miró con incredulidad.

¿Qué acababa de decir?

¿Estaba de acuerdo?

Entonces, ¿eso significaba que el juicio se llevaría a cabo sin problemas en tres días?

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