Cuando Teresa se enteró de lo sucedido con Benjamín, ¡por poco y se desmaya del impacto!
Ya había sufrido el infierno de perder a un hijo. Cuando el avión de Diego se desplomó, ¡el dolor la destrozó a tal punto que sentía que no podía respirar!
Pasó muchísimo tiempo sin poder salir de ese abismo de sufrimiento.
Fue hasta que se metió de médica sin fronteras y convivió a diario con la muerte, que, poco a poco, logró sanar esa herida.
Pero la noticia de Benjamín había hecho que aquella angustia asfixiante se apoderara de ella otra vez.
Ya solo le quedaba ese hijo.
¡Bajo ninguna circunstancia podía perderlo a él también!
Corrió a toda prisa hacia el hospital; en el trayecto, apenas le dio tiempo de interrogar a los escoltas y enterarse de que el ataque había ocurrido cuando estaba con Josefina.
Al cruzarse con Valentín, lo atiborró de preguntas. Sin embargo, él se limitó a repetirle que Benjamín estaba a salvo, negándose a contarle los detalles del altercado.
Teresa estaba al borde de la desesperación, así que en cuanto vio llegar a Josefina, le exigió saber qué demonios había pasado.
A Josefina le dolían las manos por la fuerza brutal con la que la mujer se aferraba a ella.
Apretó ligeramente los labios y bajó la vista, ocultando el torbellino de emociones que cruzaba por su mirada.
—Señora, lo que sucedió...
—Señora, qué bueno que llegó.
En ese instante, Valentín llegó a paso rápido, cortándole la frase por completo.
—¿Gusta pasar a verlo?
Josefina lo volteó a ver con cara de total desconcierto.
«¿Por qué no quiere que hable?».
Valentín se apresuró a insistir:
—Pase a verlo, señora. El director Gutiérrez ya está fuera de peligro.
—¡Nadie entra hasta que no me expliquen qué fue lo que pasó! —lo fulminó Teresa.
Luego se volvió de nuevo hacia su nuera.
—Jose, dime de una vez, ¿qué significa todo esto?
Teresa apretó su agarre, lastimándola todavía más.
Josefina dejó escapar un suspiro cansado y confesó:
Hizo una pausa para tomar aire y remató:
—Esos delincuentes ya ubicaron a Benjamín; no lo van a dejar en paz. ¡Así que se tienen que divorciar!
Se volvió bruscamente hacia el asistente.
—¡Valentín, encárgate de preparar los papeles del divorcio!
El hombre se quedó perplejo.
—Pero señora, si el director Gutiérrez se entera...
—¡Solo haz lo que te ordeno! —gritó Teresa con rabia—. ¡¿O acaso quieres verme enterrar a otro hijo?!
Había soltado la última frase a todo pulmón.
Valentín cerró la boca de golpe. A final de cuentas, solo era un asistente y no le quedaba más remedio que acatar órdenes.
Le lanzó una mirada de total impotencia a Josefina y, tras dar media vuelta, se alejó por el pasillo.
Josefina se quedó plantada en su sitio. Tenía la cabeza hecha un desastre, y su corazón no estaba mejor. Si lo veía desde los zapatos de Teresa, era muy fácil entender por qué reaccionaba así.
Aun así, sentía una opresión en el pecho; ni ella misma sabía quién la quería muerta. Al final, parecía que se había convertido en un imán de desgracias.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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