Entrar Via

La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 372

Nuevo hogarLa Noche que Dejé de Esperarte ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

—¡Eres un cabrón!

Josefina lo fulminó con la mirada.

—¡Suéltame!

La respiración de Benjamín se volvió más pesada. Al ver sus ojos cada vez más furiosos, de pronto se inclinó sobre ella.

En un instante, la punta de su nariz rozó la de ella.

Josefina se quedó paralizada.

La diferencia de fuerza entre ambos se hizo evidente en ese momento; él la tenía completamente sometida.

Si él realmente quisiera hacerle algo, ella no tendría forma de defenderse.

Pero ella no quería que pasara nada entre ellos, solo deseaba terminar de una vez por todas con esa relación.

Reprimió su enojo y se limitó a clavarle la mirada.

Al ver que por fin se quedaba quieta, un destello de autodesprecio cruzó por los ojos de Benjamín.

—No sabes quién podría estar acechándote en la oscuridad, ¿ya se te olvidó? —dijo Benjamín finalmente, tras un largo silencio.

Josefina apartó la mirada y, de inmediato, sintió el aliento del hombre chocar contra su rostro.

Benjamín observó sus pálidas mejillas y continuó:

—Josefina, tienes que creerme, yo no te haría daño.

Josefina siguió sin decir nada.

Pero a Benjamín no le bastó eso. Le sujetó la barbilla y murmuró:

—Si no vas a usar la boca para hablar, entonces úsala para otra cosa.

Dicho esto, se inclinó y la besó.

Josefina volvió a girar el rostro, haciendo que los labios de él aterrizaran en su mejilla.

—¡Ya entendí! —exclamó ella.

La respiración de Benjamín rozaba su mejilla, provocando que esa parte de su piel ardiera.

Sus labios seguían pegados a su rostro, sin apartarse.

Josefina encogió el cuerpo, pero estando acorralada en el coche, ¿hacia dónde más podía huir?

—Benjamín, ¡ya te dije que entendí, quítate!

Por alguna razón, Josefina comenzó a sentir pánico.

—Mhm.

Si él hablaba, ella respondía, pero sin la menor intención de darle plática.

El ambiente dentro del carro se volvió todavía más tenso.

Benjamín apretó el volante con tanta fuerza que parecía querer romperlo.

Al estar con ella, sentía una profunda y genuina impotencia.

El coche se detuvo en la entrada del Residencial Las Jacarandas. Josefina abrió la puerta y caminó rápido hacia adentro, como si la estuviera persiguiendo un monstruo.

Benjamín sacó un cigarro, lo encendió y le dio una calada profunda.

El sabor del tabaco le llenó los pulmones, revolviendo sus frustraciones y disipándolas junto con el humo.

Pero no sirvió de mucho.

Una tenue nube de humo blanco se elevó con lentitud, difuminando sus facciones.

En ese momento, sonó su celular. Era la empleada de la casa.

—¿Bueno?

—Señor Benjamín, por favor regrese. Alberto no para de llorar, está aferrado a que quiere a su mamá y no logro calmarlo —la voz de la mujer sonaba muy angustiada. De fondo, no cesaban los llantos del niño.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte