Ella le sonrió a la anciana y le siguió la corriente.
—Sí, abuela. Algún día tendrás que ayudarnos a cuidar a mis hijos... aunque por ahora ni siquiera sabemos quién será el padre.
La mirada de Benjamín se oscureció de inmediato.
Los ojos de la abuela destellaron con comprensión. Sonrió, pero no dijo nada más.
Josefina quería quedarse a dormir ahí esa noche, pero Benjamín no dejaba de mirarla fijamente con esos ojos profundos.
Frunció levemente el ceño. Por temor a que él dijera alguna barbaridad, se volvió hacia su abuela.
—Ya es un poco tarde, creo que es mejor que regresemos a casa.
Sin embargo, la anciana la tomó de la mano, la llevó directamente al estudio, y bajando la voz le preguntó:
—Jose, ¿qué está pasando? ¿Ya no se van a divorciar?
Los ojos de Josefina esquivaron la mirada de su abuela.
—Sí, nos vamos a divorciar. Pero surgió un inconveniente que aún no hemos resuelto. En cuanto lo solucionemos, no tendré nada que ver con él.
—Pero por lo que vi en la actitud de Benjamín... ¿parece que se está arrepintiendo? —dijo la abuela.
Josefina esbozó una sonrisa.
—No es así, solo estaba bromeando con usted. A él le importa demasiado el hijo de su hermano Diego, ¿lo olvidó? Hasta se hizo la vasectomía.
Al escuchar eso, el rostro de la anciana se ensombreció por completo.
—Qué estupidez, descuidar a su propia familia por el hijo de otro... Sigo apoyando su divorcio. Creo que Manuel es un buen muchacho para ti, es una lástima que no te guste ese tipo de hombre.
—Bueno, ya, no le dé más vueltas a ese asunto —respondió Josefina—. Mañana vendré temprano para acompañarla al hospital.
—Sí, de acuerdo.
...
Al salir del edificio de apartamentos, las farolas iluminaban sus cuerpos, alargando sus sombras en el asfalto.
Josefina caminaba detrás de él, manteniendo una evidente distancia.
—¿Josefina?
Justo en ese momento, se escuchó la voz de Manuel Fuentes, que llevaba una correa en la mano mientras paseaba a su perro.
—Manu.
Los ojos de Josefina brillaron con cierta sorpresa, pero aun así lo saludó con voz suave.
Manuel se acercó. Al verlos caminar juntos, su mirada vaciló un instante antes de preguntar:
—¿Viniste a visitar a tu abuela?
—Sí, así es —asintió Josefina.
—¿Y cómo está ella de salud? —preguntó de nuevo.


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Comentarios
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