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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 478

Los ojos de Luisa brillaron de alegría mientras asentía sin parar.

—¡Sí, claro, claro!

Ya llevaba puesto el uniforme del personal de servicio. Se movía con agilidad, haciendo sus labores de manera impecable y eficiente.

Después de intercambiar unas palabras con Josefina, dio media vuelta para seguir limpiando.

Josefina subió directamente a su habitación y se dio una larga ducha para quitarse todo el olor a sangre que llevaba impregnado en la piel.

Pero la imagen de Emiliano negándose a revelar quién estaba detrás de él no dejaba de rondar por su cabeza, llenándola de frustración.

Si no descubría quién era el autor intelectual, tendría una espada de Damocles pendiendo sobre ella de por vida.

Cerró el grifo, respiró profundo y salió del baño envuelta en una toalla.

...

Mientras tanto, Andrés había estado buscando desesperadamente la forma de ver a Josefina.

Sin embargo, era inútil. Ni siquiera lograba acercarse a la Residencial Valle Niebla.

Cada vez que merodeaba la entrada, el equipo de seguridad privada lo bloqueaba y lo echaba del lugar como a un perro.

En ese momento, Andrés no conservaba ni una pizca de la arrogancia de antaño; lucía envejecido y demacrado.

Al regresar a su minúsculo departamento, lo primero que lo recibió fue el asfixiante olor a medicinas. Jimena estaba sentada en un sofá raído, con un aspecto cadavérico. Estaba tan flaca que parecía un saco de huesos, tomando a sorbos un remedio amargo.

Andrés no pudo contener su amargura.

—Si no fuera por ti, ¿cómo habríamos terminado en esta miseria? Si Josefina se niega a verme, ¿cómo diablos voy a levantar mi imperio de nuevo?

Jimena tosió débilmente. Su cuerpo temblaba con cada espasmo.

—¿De verdad sigue sin querer verte? ¿Intentaste llamarla por teléfono?

El rostro de Andrés se ensombreció.

—Cambió de número. Es imposible contactarla.

Al oír esto, Jimena palideció aún más. Su mirada se volvió opaca, perdida. Se quedó mirando al vacío durante un largo rato antes de susurrar:

—Iré a buscarla... Me arrodillaré y le suplicaré perdón...

—¡No digas idioteces! —Andrés agitó la mano con desdén—. Mientras más te arrastres, más asco le darás. ¿Dónde vas a arrodillarte si ni siquiera podemos verle la cara?

—¿Acaso quieres vivir así para siempre? ¡Apretados en este chiquero, enfermos, sin siquiera poder pisar un buen hospital! Toda la gente que nos sonreía ahora nos escupe en la cara. ¿Eso es lo que quieres para el resto de tus días?

Los ojos de Jimena vacilaron, cediendo poco a poco ante sus gritos.

Al verla dudar, Andrés suavizó el tono, volviéndose más persuasivo.

—Hazlo por nosotros. Si logramos que Josefina nos perdone, te aseguro que nos devolverá el estilo de vida que nos merecemos. Yo levantaré mis empresas y tú volverás a ser la señora de la alta sociedad a la que todas envidian.

Finalmente, Jimena asintió.

—Está bien.

Sacó su celular y marcó el número de Magdalena Salinas.

Al tercer tono, atendieron.

—¡Mamá! —Se escuchó la voz emocionada de Magdalena al otro lado.

Jimena cerró los ojos, sintiendo cómo una lágrima rodaba por su mejilla. Respondió con la voz más maternal que pudo fingir.

—Magda, mi niña... ¿cómo has estado?

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