Magdalena Salinas estaba desconcertada, pero no pudo ocultar la alegría en su voz.
—Mamá... ¿de verdad te preocupas por mí?
Jimena dejó escapar un murmullo suave.
—Por supuesto, cariño. Te crie como a mi propia hija, ¿cómo no me voy a preocupar por ti? Tu papá también te extraña muchísimo. Se dejó llevar por el enojo en su momento, pero te lo suplico, no le guardes rencor.
—Yo...
Magdalena quiso decir algo, pero un nudo en la garganta se lo impidió. Sollozó.
—¡Llegué a pensar que me habían abandonado!
Jimena cerró los ojos, con el rostro torcido por la culpa, pero se tragó sus escrúpulos.
—No, jamás haría algo así. Nunca te daría la espalda, Magda. ¿Dónde estás ahora? ¿Quieres venir a verme? Estoy muy enferma, ya casi no me puedo levantar de la cama... y tengo mucho miedo de morirme sin volver a verte.
—Mamá, estoy viviendo con mi abuela. Me enteré de todo lo que pasó con la familia León. ¿Tú y papá están bien? ¿Dónde viven ahora? —preguntó Magdalena, verdaderamente angustiada.
—Nos tuvimos que mudar. Tuvimos que vender la casa para pagar deudas y el Grupo León se fue a la quiebra. Jamás pensé que Josefina fuera a ser tan cruel. Gracias al cielo que no es mi verdadera hija. Gracias a Dios que fue a ti a quien cuidé y amé todos estos años. Magda, ven a vernos, por favor.
—Está bien, iré en cuanto tenga tiempo —respondió Magdalena, dando excusas vagas, e intercambió un par de palabras más antes de cortar la llamada.
Jimena colgó y miró a su esposo con terror.
—¿Estamos seguros de lo que hacemos? ¿No traerá problemas?
Andrés soltó un largo suspiro.
—¿Acaso se te ocurre una idea mejor?
Jimena se quedó en silencio. Segundos después, fue sacudida por un brutal ataque de tos, palideciendo aún más.
...
Mientras tanto, Magdalena Salinas contemplaba su celular con la mirada perdida. Después de un rato, se giró hacia Anaís.
—Abuela... ¿Tú crees que están tratando de utilizarme?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte
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