En ese instante, Jimena desbloqueó la tablet y puso los videos. Todos los chiquillos coincidían en que no habían visto a Josefina dar ninguna patada, sino que Alberto había dado un mal paso y se había caído solito.
Alberto, sentado en el regazo de Benjamín, tenía la carita roja, pero reflejaba mucho miedo. Por instinto, se agarró fuerte de la ropa de su tío, paseó la mirada por todos los presentes y al final dijo:
—No sé...
Las gruesas cejas de Benjamín se juntaron.
—¿De verdad no sabes?
Alberto soltó a llorar.
—No... no sé...
Magdalena dio un paso al frente y se interpuso.
—Benjamín, es un niño muy chiquito. Es obvio que sigue asustado por haberse caído desde tan alto. No lo presiones así.
Mientras hablaba, lo cargó y se lo quitó de los brazos. Le echó un vistazo rápido a la tablet y agregó:
—Bueno, si ya hay testigos de que Jose no tuvo nada que ver, entonces debe ser cierto. Anoche me ganaron los nervios y la culpé injustamente. Te pido una disculpa.
Se inclinó ligeramente ante Josefina.
—Jose, perdóname. No debí dudar de ti.
—Tío...
Alberto quería zafarse del agarre de Magdalena y le estiró los bracitos a Benjamín.
Pero Magdalena le dijo:
—Pórtate bien, Alberto. No molestes a tu tío. De ahora en adelante, ya casi no nos vamos a ver con él, ¿entendido?
Alberto rompió a llorar todavía más fuerte.
—¡Buah! ¡No quiero! ¡Quiero a mi tío!
Magdalena hizo el ademán de darle una nalgada.
—¡Qué niño tan terco! Por culpa tuya, tu tío y Jose se van a divorciar. No podemos andar molestándolos. A partir de hoy, solo vas a estar conmigo.
Alberto empezó a berrear con más ganas.
A Jimena se le partió el corazón al escucharlo, así que se acercó.
Como siempre, todo era culpa de Josefina.
Josefina no había dicho ni pío desde que entró al cuarto. Al escuchar eso, levantó la mirada hacia Andrés con un tono lleno de sarcasmo:
—Pero al principio sí le dije que no había sido yo. ¿Y acaso me creyó?
La cara de Andrés se tensó y se le descompuso del puro coraje.
—¿Qué? ¿Me estás echando la culpa a mí? Si no te pasaras la vida peleando con Magda, ¿crees que habría pensado que fuiste tú?
—Suegro —intervino Benjamín, con su voz grave y magnética envuelta en una capa de frialdad, haciendo que el ambiente en el cuarto se sintiera todavía más pesado.
—Hay que enfocarse en lo que pasó anoche, no saque a relucir problemas pasados.
Andrés lo fulminó con la mirada.
—Benjamín, ¿no te estás pasando de la raya? ¿Esas son formas de hablarme?
La cara de Benjamín seguía inexpresiva, pero el aire de autoridad que imponía se hizo más fuerte.
—Solo quería aclarar el asunto de anoche. No vaya a ser que la gente piense que usted es de esos padres que no sabe distinguir entre lo correcto y lo incorrecto.

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