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La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 64

Por la tarde, cuando Josefina y Silvia regresaron de hacer unas compras, encontraron a alguien parado frente al departamento.

El hombre estaba recargado en la pared, con el saco puesto de forma descuidada, sin corbata y con los dos primeros botones de la camisa blanca desabrochados, lo que le daba un aire de rebeldía bastante marcado.

—¿Qué chingados haces aquí, pedazo de cabrón? —En cuanto lo vio, Silvia no dudó ni un segundo y le soltó el primer insulto.

Benjamín ni siquiera se molestó en voltear a verla; su mirada estaba clavada directamente en Josefina, que venía atrás.

—Acompáñame al hospital.

Josefina soltó una risa burlona.

—¿A qué? ¿A humillarme para pedirle perdón a tu sobrino?

Cada vez que lo veía, parecía que sacaba las espinas. Solo bastaba que él se acercara para que ella se pusiera a la defensiva.

Benjamín frunció sus pobladas cejas, se enderezó, se acercó y le agarró la mano con firmeza.

—No vas a ir a hincarte ante nadie. Alguien más se va a hincar para pedirte perdón a ti.

Presionó el botón del elevador. Como el aparato todavía no bajaba, las puertas se abrieron enseguida.

Josefina trató de zafarse, pero él la agarró con más fuerza y la metió al elevador casi a rastras.

Silvia no se quedó atrás y entró con ellos.

Benjamín la barrió con una mirada gélida.

—¿A ti qué te importa? Lárgate.

Silvia levantó la barbilla en actitud retadora.

—¡Pues quiero ver cómo haces que alguien se hinque a pedirle perdón a Jose! ¡Si no lo logras, eres un pendejo! —Y le levantó el dedo chiquito de la mano.

El desprecio en su gesto no podía ser más evidente.

A Benjamín le dio flojera contestarle; lo único que le importaba era mantener bien sujeta la mano de Josefina, sin intención de soltarla ni un milímetro.

Como ella seguía forcejeando, él volteó a verla.

—¿No se supone que ya habías aceptado?

Al escuchar eso, Josefina se quedó paralizada. Su expresión se volvió sombría y el tono sarcástico en sus ojos llorosos se hizo aún más notorio.

—Tienes razón. Si no me lo recuerdas, se me olvida.

Había aceptado las condiciones de Teresa, así que, por lo menos, tenía que mantener las apariencias.

Capítulo 64 1

Capítulo 64 2

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