Entrar Via

La Noche que Dejé de Esperarte romance Capítulo 75

Él andaba con Magdalena en plan de coqueteos a sus espaldas.

Había aceptado cumplir las condiciones de Teresa, ¡y aun así se atrevía a venir a pisotearla a su casa!

¿Acaso la consideraba menos que basura?

Josefina empezó a cuestionárselo todo. Se replanteó por completo la relación que habían tenido durante los últimos ocho años.

Sentía una desesperación agobiante que la paralizaba.

De pronto, cayó en cuenta de que no era ni de cerca tan fuerte y liberal como quería aparentar.

Con el simple hecho de que se mencionara a Benjamín o a Magdalena, sus emociones se volvían un caos indomable.

Uno era el hombre que había amado por ocho años.

La otra era la mujer que detestaba desde hace más de una década.

Y para colmo, esos dos terminaron revolcándose juntos.

¡¿Por qué maldita sea tuvieron que meterse el uno con el otro?!

La impotencia y el dolor se apoderaron del silencio.

Con la camisa toda arrugada, Benjamín estaba parado en la calle esperando a que Simón pasara a recogerlo.

Desde lo lejos, Simón lo alcanzó a distinguir y abrió los ojos como platos.

¡En la madre!

¡¿Acaso a su jefe le habían dado una paliza?!

¡¿Lo habían corrido de la casa?!

El señor Gutiérrez parado a medianoche en plena banqueta, todo abandonado como perro sin dueño. ¡Hasta daba lástima!

Al detenerse justo enfrente de él, Simón recuperó la postura y ocultó cualquier gesto de asombro.

—¿A dónde vamos, jefe? —le preguntó.

Benjamín subió al asiento trasero, arrojando su saco a un costado con pesadez. Sentía un nudo asfixiante en el pecho.

—A cualquier lado donde me pueda ir al infierno.

Simón soltó una risa nerviosa y le dijo: —Jefe, no bromee con eso. ¿Lo llevo directo a Residencial Valle Niebla?

Esa era la casa donde vivía de casado.

Pero ahí ya no estaba su mujer.

¿A qué fregados regresaba?

Benjamín cerró los ojos y, con un tono cada vez más apático, soltó: —Tú dale, adonde sea.

Al día siguiente.

Josefina se propuso calmar los ánimos, se tomó una taza de café y luego se dirigió directo a la agencia de doblaje.

Si nada más de acordarse de ese par de cabrones le daban ganas de matar, mejor ni pensaba en ellos. Era momento de volcar toda su energía en el trabajo.

Al llegar a la agencia, el jefe del proyecto y el director de casting ya estaban reunidos en la sala de juntas.

Josefina se aventó a realizar otra ronda de pruebas para su personaje. Había estado ensayando como loca durante días, logrando conectar de nuevo con la esencia y metiéndole muchísima más emoción que antes. Definitivamente había mejorado.

El director de casting quedó fascinado y le comentó en corto a la persona a su lado: —Por algo quería dejarla en el papel. Lo que hizo la otra chava fue una porquería; de lo tan fingido que se oía, hasta me daban ganas de vomitar.

—Y ni modo, si los de arriba no hubieran metido mano, esto ya habría arrancado —intervino el asistente—. Es lo que pasa cuando alguien tiene palancas.

—¿Y de qué le sirvieron las palancas si igual la mandamos a volar? —el director lanzó una pequeña risa—. ¿Ya tienen los contratos listos?

—Ya están en orden —asintió el asistente.

Al ver a Josefina salir, el director se le acercó rápidamente, sonriendo de oreja a oreja: —Tuviste una proyección mucho mejor que la última vez, se nota que no dejaste de pulirte estos días. Me daría muchísimo gusto que te unieras a nosotros, de verdad espero que trabajemos muy bien juntos.

Josefina le dio un apretón de manos con una leve sonrisa. —El gusto es mío, espero que trabajemos de maravilla.

No obstante, justo en el momento en el que estaba a punto de firmar su contrato, un grupo de personas apareció de pronto en escena.

A la cabeza venía Benjamín. Y a su lado, lo acompañaba nada más y nada menos que Magdalena.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte