—Señor Gutiérrez, ¿qué lo trae por aquí?
El gerente del proyecto corrió hacia Benjamín con una enorme sonrisa en el rostro.
Grupo Gutiérrez había invertido en esa compañía de doblaje; Benjamín era el inversionista principal. Su llegada repentina los tomó por sorpresa, dejándolos algo nerviosos y tratando de ser lo más complacientes posible.
Benjamín llevaba un traje negro a la medida y el cabello perfectamente peinado. Su rostro era apuesto, con una mirada profunda que reflejaba una calma aparente, y cada uno de sus movimientos destilaba una elegancia innata.
Su mirada se posó levemente sobre Josefina antes de dirigirse al gerente:
—Pasaba por aquí y quise echar un vistazo. Escuché que hoy tenían audiciones, ¿cómo les fue?
—Ya terminamos —respondió el gerente—. La señorita León demostró tener muchísimo talento y dominó el personaje a la perfección. De hecho, estábamos a punto de firmar el contrato.
—Jose, muchísimas felicidades —intervino Magdalena en ese momento.
La expresión de Josefina era completamente fría. Sintió que había tenido pésima suerte al salir de casa ese día y toparse con ellos.
Solo que...
¿Por qué Benjamín traía a Magdalena?
¿Qué intentaba hacer?
¿Acaso quería arrebatarle el papel también a ella?
Ya se lo había quitado una vez de las manos, ¿pretendía quitárselo por segunda ocasión?
Por eso, la mirada que le clavó a Benjamín estaba llena de hielo y hostilidad.
—¿En serio? —La voz de Benjamín bajó de tono—. Yo no escuché nada.
El gerente se quedó pasmado un segundo, pero reaccionó rápido:
—¿Le gustaría escuchar la prueba, señor Gutiérrez? Tenemos un respaldo guardado en el estudio, si gusta...
—Quiero escuchar una prueba en vivo —lo interrumpió Benjamín.
—Esto... —El gerente no se esperaba una petición así.
Josefina frunció el ceño. ¿A qué jugaba?
Ese era precisamente el propósito por el que Benjamín la había llevado.
Ella quería ver a Josefina y suavizar su relación.
Por lo tanto, él la había acompañado.
Pero a pesar de mostrarse tan sumisa, Josefina no cedía ni un poco; al contrario, su expresión se endureció y la miraba como si fuera su peor enemiga.
Benjamín frunció el ceño con molestia.
—¿Acaso no caben las dos en el estudio? ¿Por qué te pones tan a la defensiva?
Josefina se soltó de un tirón del agarre de Magdalena.
—Simplemente no quiero. ¿Acaso no fui lo bastante clara?
La expresión de Benjamín se endureció aún más. Se giró bruscamente hacia el gerente y preguntó:
—Todavía no firman el contrato, ¿verdad?

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