Josefina echó un vistazo rápido y, al comprobar que Magdalena ya no andaba merodeando por la oficina, soltó un largo suspiro.
El simple hecho de verla la enfermaba del coraje, y escuchar su voz le daba unas ganas tremendas de meterle una bofetada.
Pero por ahora, no le quedaba más remedio que tragarse el enojo.
Magdalena la había estado provocando a propósito, esperando a que ella diera el primer golpe, para luego poder jugar al papel de la pobre víctima indefensa.
Llevaba usando exactamente el mismo truquito desde que eran niñas.
Josefina se juró a sí misma que no le iba a dar el gusto de hacerla perder los cabales.
Necesitaba mantener ese trabajo a como diera lugar.
Aunque...
Sacó su celular y le mandó un mensaje a su suegra.
Josefina le escribió un mensaje: «Suegra, Benjamín metió a Magdalena a trabajar a la compañía de doblaje. Se está portando cada vez mejor con ella.»
Teresa: «Yo me encargo de esto.»
Josefina esbozó una leve sonrisa. Sabía perfectamente que Teresa aborrecía a Magdalena, así que por ningún motivo le iba a permitir que se anduviera pegando a Benjamín.
Si Benjamín había sido el responsable de meterla, Teresa se encargaría personalmente de arruinarlo todo.
Era cuestión de tiempo para que la corrieran de ahí.
Saber que alguien más se haría cargo de Magdalena le alegró el día por completo. Se puso los audífonos y regresó a lo suyo con el material original.
***
Por su parte, la cara de Teresa era de muy pocos amigos. Tomó su teléfono y le marcó directamente al dueño de la compañía de doblaje.
Esteban contestó al instante, con un tono sumamente respetuoso:
—Señora Gutiérrez, qué sorpresa. ¿En qué le puedo servir?
Teresa fue directo al grano:
—¿Es cierto que en su compañía acaba de entrar una mujer llamada Magdalena?
Siendo el dueño, Esteban no estaba al tanto de los movimientos menores del personal.
—La verdad es que no estoy enterado, señora, pero ahorita mismo pido que lo chequen.
—Invéntele cualquier excusa y despídala —le ordenó Teresa sin miramientos.
Esteban se quedó confundido.
—Señora Gutiérrez, disculpe que le pregunte, pero, ¿pasó algo con esta persona? ¿Causó algún problema?
***
Al caer la noche, Josefina guardó sus cosas y salió del trabajo.
Afuera había empezado a llover, así que apresuró el paso rumbo al estacionamiento. Mientras caminaba por el lugar oscuro, alcanzó a distinguir dos voces bastante conocidas.
Eran Magdalena y Benjamín.
—Ay, Benjamín, ¿cómo se te ocurre venir a recogerme hasta acá? —se escuchó decir a Magdalena—. Si Jose nos ve, va a pensar cosas que no son de nuevo.
—Súbete de una vez —le respondió él en tono apagado.
Enseguida, se escuchó el ruido de la puerta del coche cerrándose.
Josefina pasó caminando por un lado y cruzó su mirada directamente con la del hombre que estaba en el asiento del conductor.
Mostrando una clara expresión de burla, le dedicó una seña obscena con el dedo de en medio.
Benjamín apretó el volante con fuerza; de pronto, abrió la puerta del coche y bajó para encararla.
Al ver esto, Josefina no perdió el tiempo. Abrió la puerta de su propio coche, entró, puso el seguro rápidamente y arrancó el motor para marcharse de inmediato.
Salió a tal velocidad que por poco se lo lleva por delante.

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