Josefina estaba concentrada viendo el material original, analizando cada cambio emocional del personaje, cuando de la nada le plantaron un vaso de té en el escritorio. Al levantar la mirada, se topó con la odiosa cara de Magdalena.
—¿Se te ofrece algo? —preguntó con frialdad.
—Lo compré para ti —dijo Magdalena—. Ahora que trabajamos juntas, deberíamos llevarnos bien, ¿no crees?
Tras decir eso, soltó un suspiro, fingiendo pesadumbre.
—Ay, de verdad que Benjamín es increíble. Así de la nada se le ocurrió conseguirme un trabajo. Jamás me imaginé que fuera a hacer algo así. Jose, por favor, no vayas a pensar cosas que no son.
Josefina la miró con absoluto desprecio.
—Si tanto te preocupaba que yo pensara mal, hubieras rechazado la oferta. Te quedaste con el premio y todavía vienes a hacerte la víctima. ¿No te da vergüenza ser tan cínica?
Magdalena parpadeó, adoptando una expresión de total inocencia.
—¡Pero si yo le dije que no! Benjamín se aferró a que lo tomara, ¿qué querías que hiciera?
—¡Qué ridícula! —soltó Josefina.
¿De verdad le estaba restregando en la cara lo bien que Benjamín la trataba?
Magdalena se inclinó un poco hacia ella.
—Jose, te lo suplico, no te enojes. Si Benjamín me trata así de bien, es puramente por Alberto. Todavía recuerdo la mirada de ternura que le puso a Alberto recién nacido... casi parecía que estuviera viendo a su propio hijo.
¡Josefina cerró los puños de golpe!
Inevitablemente, en su mente aparecieron aquellas fotografías de Benjamín acompañándola en la sala de partos.
La rabia que sentía era como un volcán a punto de hacer erupción; ¡estuvo al borde de perder los estribos!
Josefina respiró hondo para calmarse y le respondió:
—Si de verdad eres tan especial, ¿por qué no mejor le ruegas que me dé el divorcio de una vez? Así ya podrían revolcarse sin esconderse.
—¡Ay, te digo que estás entendiendo todo mal! —suspiró Magdalena—. Entre Benjamín y yo no hay nada malo. Él a la que ama es a ti.
—Lárgate —le espetó Josefina, al límite de su paciencia.
Pero Magdalena no daba señales de querer largarse. Siguió fastidiando:
—Jose, yo sé muy bien por qué Benjamín me metió a trabajar aquí. Su intención es que mejoremos nuestra relación con el trato diario. Lo hace pensando en ti, no deberías despreciar sus buenas intenciones.
¡Pum!


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Noche que Dejé de Esperarte