—¡Ah...!
Lorena la miró con la boca abierta, con los ojos brillando llenos de curiosidad.
—¿De verdad te está empezando a gustar Manuel Fuentes?
Josefina no le contestó y siguió comiendo como si nada.
Al ver su silencio, Lorena lo tomó como una afirmación y dejó escapar un suspiro de lamento.
—Parece que no voy a poder cumplir con mi misión.
Josefina levantó la vista y la miró.
—Solo finge un poco y ya. A fin de cuentas, a él le sobra el dinero.
—¡Pfft...!
Lorena no pudo aguantar y soltó una carcajada. No esperaba que le respondiera algo así.
La verdad es que, desde que aceptó esa misión, había intentado hablar bien de Benjamín siempre que tenía la oportunidad, incluso había logrado convencer a Josefina de que no se mudara la última vez.
Pero si Josefina ya no sentía nada por él y se había enamorado de otro, ya no había nada que ella pudiera hacer.
Por mucho que intentara convencer a alguien que ya no amaba a su pareja, sus palabras caerían en saco roto.
...
En el hospital.
Manuel miraba a la señora Fuentes, que yacía en la cama. Aunque estaba pálida, le habló con evidente desesperación.
—Manuel, todo el mundo ya se enteró de tu enredo con la esposa de Benjamín Gutiérrez. ¡Hasta fueron tendencia en las redes sociales! ¿Crees que esto nos deja en buen lugar? ¿Acaso quieres matarme de un coraje?
Esa mañana, Beatriz le había enseñado las publicaciones a su madre. La señora Fuentes se enfureció tanto que se desmayó.
Apenas recuperó el conocimiento, llamó a su hijo con urgencia. Tenía que convencerlo, a como diera lugar, de que cortara todo contacto con Josefina.
¡Esa mujer era una mala suerte que iba a destruir la paz de la familia!
Manuel se acomodó los lentes y respondió con tranquilidad.

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