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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 110

Isabela, que también había estado buscando a Sebastián por todo el lugar, fue testigo exacto del momento en que Valentina pateó el bastón.

Inmediatamente ordenó a la enfermera que la empujara hacia él.

Recogió el bastón del suelo y, con un tono lleno de reproche y dolor fingido, se dirigió a Valentina: —Te pasaste de la raya. La pierna de Sebastián está así por haberte salvado la vida. En lugar de estar agradecida, lo tratas como basura.

—¿Acaso Sebastián es mudo? —La ira de Valentina aún no se había disipado, y tener a Isabela actuando como la mosca muerta de turno solo echó más leña al fuego.

El rostro de Isabela se tensó: —¿Qué dijiste?

—Digo que pateé su bastón y él no dijo ni una palabra. Pero tú corres desesperada a defenderlo, como si el hombre hubiera perdido la lengua.

Isabela pareció darse cuenta de su error y, con los ojos llenos de lágrimas contenidas, se volvió hacia Sebastián: —Lo siento tanto... solo me dolió mucho verte soportar que te traten así.

Sebastián agarró el bastón, con un tono inescrutable: —Siempre ha sido una caprichosa.

—¿Qué pasó aquí?

Daniel y Ricardo se acercaron al grupo.

Ver a tantos herederos poderosos reunidos en un solo lugar era un imán para los chismosos del evento.

Los murmullos no tardaron en esparcirse por el salón, con todos los invitados especulando en voz baja sobre el triángulo amoroso y la verdadera relación entre Sebastián y Valentina.

Isabela frunció el ceño con fingida preocupación y sugirió: —La subasta está por comenzar, deberíamos pasar al salón principal.

—Vamos.

Valentina soltó una carcajada cargada de ironía al ver la escena. Agarró a Nicolás del brazo y le dijo: —Vámonos.

El salón de subastas estaba en un edificio contiguo.

Jardines de San Carlos era un lugar de estilo colonial. Aunque en invierno los jardines perdían su exuberancia, la nieve de la noche anterior, iluminada por los faroles clásicos, le daba al lugar un toque melancólico y mágico.

Un acomodador los guio hasta sus asientos. Al entrar, Valentina cruzó miradas con Humberto Campos, a quien saludó con una leve inclinación de cabeza antes de tomar asiento junto a Nicolás.

Diana se sentó al otro lado de Valentina. Miró hacia donde estaba Humberto y luego desvió la mirada.

Al ser el patriarca de la familia organizadora, Sebastián ocupaba el lugar central en la primera fila. Isabela, como su acompañante, se sentó a su lado, seguida de Ricardo y Daniel.

La distribución era peculiar: Sebastián estaba sentado justo delante de Valentina, e Isabela frente a Nicolás.

Capítulo 110 1

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