Aquella declaración tan enfermiza e intensa lo había dejado helado cuando la escuchó.
Ricardo, con tono de sermón, continuó:
—¿Cuándo lo habías escuchado decir palabras tan duras? Olvídate de ella de una vez y búscate a alguien más.
Mientras hablaba, impregnó un hisopo con medicina e intentó aplicarlo sobre las heridas de Daniel.
Pero Daniel le apartó la mano de un manotazo.
—¿Te crees que soy como tú, que puede cambiar de mujer como de camisa sin sentir nada?
—¡Oye, una cosa es que insultes a Sebastián, pero a mí no me faltes al respeto! —le reclamó Ricardo, señalándolo con el dedo—. Si no me hubiera metido hoy, ¿tienes idea de lo feo que se habría puesto el asunto? ¿Acaso no te enseñaron que la esposa de tu amigo se respeta?
Aunque conocía la versión vulgar de ese dicho que circulaba entre su grupo, no se atrevería a decirla frente a Daniel en ese momento.
Si Daniel perdía los estribos, Sebastián reaccionaría el doble de mal. Y si los tres se dejaban llevar, ¿qué quedaría de su hermandad?
Daniel miró sus propias manos. Su rostro, siempre pulcro y sereno, ahora estaba marcado por los golpes.
—Nunca voy a renunciar a Valentina. Esperé tres años para que ella decidiera darse por vencida. Si Sebastián no quiere darle el divorcio, lo obligaré a hacerlo.
Ricardo inhaló profundamente, asustado.
—¡Te volviste loco de remate!
—Mira, olvidemos a Sebastián por un momento. Hablemos de Valentina. ¿Ella sabe lo mucho que la quieres? ¿Crees que te va a aceptar? ¿Tienes idea del precio que vas a pagar para forzar a Sebastián a firmar ese divorcio? Y si al final ella te rechaza, ¿valdrá la pena todo este desastre?
Daniel guardó silencio por unos largos segundos. Ricardo pensó que por fin había entrado en razón.
Pero entonces, Daniel lo miró y le preguntó:
—¿Tienes cigarros?
—¿Para qué? Tú no fumas.
A pesar de la queja, Ricardo sacó una cajetilla y un encendedor del bolsillo.
Daniel encendió el cigarrillo y le dio una calada lenta.
—Si vale la pena o no... eso solo lo decido yo.
¡Y Ricardo casi se creyó que lo había hecho entrar en razón!

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