Isabela se despertó apenas despuntaba el sol.
Al abrir los ojos, vio a Sebastián recostado en el sofá, y aunque no supo si estaba dormido o solo descansando la vista, la pesadumbre que la había atormentado el día anterior por el anuncio oficial de su matrimonio con Valentina se disipó como neblina al amanecer.
Lo sabía. Ella era la persona más importante en la vida de él.
La noche anterior, Nicolás Correa la había llamado para advertirle que Valentina iría a buscar a Sebastián.
En el pasado, Nicolás ya le había insinuado en varias ocasiones que colaboraran. Teniendo a un hombre tan excepcional como Sebastián, ella siempre había menospreciado a un niñato como Nicolás, a pesar de que este último era considerado brillante por muchos.
Por lo tanto, nunca le había interesado ni le importaba formar una alianza con él.
Pero aquella llamada había alterado su ya turbulento estado de ánimo, llevándola a un quiebre emocional.
Su único objetivo era demostrar, de una vez por todas, quién era verdaderamente esencial para Sebastián: Valentina o ella.
El resultado estaba a la vista. Ella había ganado.
Sebastián había corrido a su lado, al fin y al cabo.
Entonces, tomó su teléfono y le envió a Valentina una fotografía de Sebastián descansando en el sofá. Quería dejarle muy en claro que él había pasado la noche entera cuidándola.
En el fondo, no lo había hecho solo por presumir; realmente quería "compartir su felicidad" con ella.
En el pasado, cuando eran mejores amigas, compartían sus alegrías de esa manera todo el tiempo.
Sin embargo, apenas dejó el teléfono a un lado, levantó la mirada y se encontró con los ojos fríos y oscuros del hombre sentado en el sofá.
Su mirada era tan gélida que parecía carecer de toda emoción humana.
Ahora, horas más tarde, cuando ya había oscurecido y volvió a despertar, miró instintivamente hacia el sofá, pero Sebastián ya no estaba ahí.
Su rostro palideció aún más y apretó los puños con fuerza.
Justo en ese momento, la puerta de la habitación se abrió, dejando entrar al médico, seguido de Sebastián y Lucas.
Sebastián le dirigió una mirada helada.

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