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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 224

Mañana era Nochevieja. En cualquier otro año, la Hacienda Correa estaría decorada con luces brillantes y motivos festivos, pero ahora estaba sumida en un luto sepulcral.

Hacía diez grados bajo cero y las gruesas nubes no dejaban pasar ni un solo rayo de sol.

Los adoquines de piedra frente a la puerta lateral de la hacienda eran despiadadamente fríos.

Valentina recordó el día en que la abuela fue personalmente a buscarla a la casa de unos parientes lejanos que la trataban como a un estorbo, para llevarla a vivir a la Hacienda Correa.

Esa vez, la abuela la abrazó y le dijo, con el corazón roto: —Si esos desgraciados no quieren a esta niña tan buena, ¡yo sí la quiero! Les demostraré a todos que Valentina es una niña amada, ¡y que a partir de hoy tiene una familia!

Cuando se enteró de que sufría acoso escolar, la abuela mandó a llamar a los padres de los acosadores esa misma noche para "tomar el té", y anunció públicamente que el Grupo Correa jamás haría negocios con ellos.

Cuando se enfermaba y lloraba de fiebre llamando a su mamá, la abuela, con más de sesenta años, pasaba la noche entera abrazándola, consolándola, dándole la medicina y poniéndole paños fríos.

Cuando Nicolás Correa la molestaba, la abuela lo obligaba a gritar cien veces "Perdóname" y luego le decía a Valentina: —Él ya se disculpó, pero nuestra Valentina tiene todo el derecho de no perdonarlo si no quiere.

El vestido que usó en su fiesta de quince años fue diseñado por la abuela, quien, con sus lentes de lectura puestos, estudió decenas de revistas de moda para hacerla lucir como la princesa más deslumbrante y única de toda la escuela.

La abuela siempre decía: —Lo que tienen las otras niñas, nuestra Valentina también lo tendrá. ¡Y lo suyo será mejor y más bonito! ¡Nadie puede ser más hermosa que nuestra Valentina!

Y también le repetía: —Recuerda, Valentina, nunca has sido un estorbo. Eres un regalo que el cielo me mandó, eres la luz de mis ojos.

Valentina repasaba estos recuerdos una y otra vez, sumergiéndose tan profundamente en el pasado que casi no podía escapar del dolor.

—¡Valentina!

Una voz ansiosa pareció llamarla desde muy, muy lejos.

—¡Valentina!

Mateo Solís la llamó de nuevo. La mujer arrodillada en el suelo parecía una estatua de piedra, completamente inmóvil.

Llevaba ropa muy delgada para estar arrodillada sobre el hielo de esos adoquines. A Mateo se le encogió el corazón de solo verla.

Se acercó a grandes zancadas, quitándose su grueso abrigo, y mientras se lo ponía sobre los hombros, intentó levantarla del suelo.

Pero Valentina se resistió.

Capítulo 224 1

Capítulo 224 2

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