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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 242

Lucas estaba sentado en el helicóptero de regreso a Miramar. La pantalla de su computadora mostraba una cuenta con movimientos inusuales.

Habló con claridad:

—El dueño de esta cuenta es Bartolomé.

¡Bartolomé!

Un nombre del pasado, pero grabado a fuego en su memoria, resurgió. Los ojos oscuros de Sebastián se llenaron de un frío sepulcral.

El cigarrillo que sostenía entre los dedos se partió en dos. Las chispas cayeron al suelo y el tabaco se derramó.

Bartolomé era el antiguo jefe criminal de la frontera que había colaborado con Vicente Vargas. Era conocido por su extrema crueldad y todos le temían.

Cuando Vicente Vargas causó la muerte de los padres de Sebastián, él y Bartolomé se repartieron los negocios periféricos de la familia Correa.

Para quedarse con todo, Bartolomé traicionó a Vicente. Sin el respaldo de esa fuerza en la frontera, los negocios de Vicente perdieron su protección, lo que incluso provocó la caída de su aerolínea y, eventualmente, la bancarrota de la familia Vargas.

Hace doce años, Sebastián se enlistó y trabajó como encubierto en la frontera con el único propósito de acabar con la vida de Bartolomé.

Pero llegó un paso tarde.

Apenas dos meses antes de que iniciara su misión encubierta hace diez años, Bartolomé falleció por una enfermedad.

Cuando alguien muere, el banco no congela automáticamente la cuenta, pero el problema era que alguien estaba moviendo los fondos de un hombre que llevaba años muerto.

Lucas continuó:

—Aunque Fausto Navarro se hizo cargo de sus negocios, no tiene forma de usar esa cuenta. Solo un heredero legal o un cónyuge podría disponer de ese dinero, pero él no tenía esposa ni hijos.

Sebastián tenía suficiente información sobre Bartolomé. Sabía perfectamente que nunca se casó.

Y esa cuenta no se había tocado en años.

El mercado principal de Miramar.

Flora llevaba su canasta. Tenía la costumbre de ir personalmente al mercado a escoger los mejores ingredientes para preparar una deliciosa comida para Sebastián y Valentina.

Después de comprar las verduras, se acercó al puesto de pescados y eligió una lubina que se veía perfecta.

A la señora le encantaba su lubina al vapor; pensaba preparársela al mediodía en cuanto regresara.

El mercado estaba lleno de gente y bullicio. Flora estaba tan concentrada en sus compras que no se dio cuenta de que una mujer con mascarilla negra y sombrero de pescador la seguía a una distancia prudente.

—Señor, déjeme la lubina lista aquí, voy a comprar una torta especial y regreso por ella.

Flora miró la hora, aún era temprano. Para cuando llegara a Villa Esmeralda, seguramente la señora apenas estaría despertando. Anoche había escuchado a Valentina decirle a Lucas que tenía antojo de una torta especial, así que era el momento perfecto para llevarle una.

Con la canasta en mano, notó que había más gente en el mercado por las fechas festivas.

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