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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 249

Del patio surgieron unos feroces ladridos.

Capitán, que había aparecido de la nada, le ladraba a Daniel por estar abrazando a Valentina. Daba vueltas a su alrededor emitiendo un gruñido grave y amenazante.

—Daniel, suéltame. Capitán te va a morder.

Lejos de soltarla, Daniel apretó más su agarre.

—Que muerda.

Valentina frunció el ceño; Daniel siempre había sido terco.

Pero apenas terminó la frase, vio por el rabillo del ojo que Capitán se abalanzaba hacia ellos.

—¡Capitán, no!

Una sombra oscura se acercó a grandes zancadas desde donde estaba Capitán. ¡Sebastián agarró a Daniel por el cuello de la camisa con una sola mano y lo apartó a la fuerza!

Sebastián tenía mucha fuerza, y Daniel, que había perdido mucho peso en los últimos días y estaba debilitado por la herida, se tambaleó y casi se cae antes de recuperar el equilibrio.

Al ver a Valentina con los ojos llorosos y a Daniel también al borde de las lágrimas, una risa fría y cortante escapó de la garganta de Sebastián.

—¿Qué pasa? ¿Tienes tantas penas que contarle a tu amiguito?

Valentina se paralizó; sus ojos se enrojecieron por completo en un instante.

Al verla así, la respiración de Sebastián se volvió pesada y sus puños se apretaron con tal fuerza que los nudillos crujieron.

Con una sensación de opresión en el pecho, dio un paso adelante por instinto. Pero Valentina bajó la mirada y retrocedió varios pasos. Una ráfaga de viento sopló, pareciendo llevarse el poco color que quedaba en su rostro.

Lucas escuchó el alboroto y, al salir del ala de servicio, vio a los tres en el patio junto a un Maybach con la puerta abierta.

Frunció el ceño.

Los vehículos de Daniel Zamora y de Ricardo Mendoza siempre tenían acceso libre a Villa Esmeralda. A pesar de que la relación entre Sebastián y Daniel se había roto, Sebastián no había dado órdenes a los guardias de la entrada, por lo que Daniel había podido ingresar sin problema.

Había sido un descuido suyo.

Al ver a Valentina sufriendo, Daniel se acercó a ella.

—Valentina, vámonos.

La mirada de Sebastián se clavó en la mano de Daniel que sujetaba el brazo de Valentina. Su rostro se oscureció.

Levantó una mano.

El rostro de Valentina palideció.

Capítulo 249 1

Capítulo 249 2

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