Del patio surgieron unos feroces ladridos.
Capitán, que había aparecido de la nada, le ladraba a Daniel por estar abrazando a Valentina. Daba vueltas a su alrededor emitiendo un gruñido grave y amenazante.
—Daniel, suéltame. Capitán te va a morder.
Lejos de soltarla, Daniel apretó más su agarre.
—Que muerda.
Valentina frunció el ceño; Daniel siempre había sido terco.
Pero apenas terminó la frase, vio por el rabillo del ojo que Capitán se abalanzaba hacia ellos.
—¡Capitán, no!
Una sombra oscura se acercó a grandes zancadas desde donde estaba Capitán. ¡Sebastián agarró a Daniel por el cuello de la camisa con una sola mano y lo apartó a la fuerza!
Sebastián tenía mucha fuerza, y Daniel, que había perdido mucho peso en los últimos días y estaba debilitado por la herida, se tambaleó y casi se cae antes de recuperar el equilibrio.
Al ver a Valentina con los ojos llorosos y a Daniel también al borde de las lágrimas, una risa fría y cortante escapó de la garganta de Sebastián.
—¿Qué pasa? ¿Tienes tantas penas que contarle a tu amiguito?
Valentina se paralizó; sus ojos se enrojecieron por completo en un instante.
Al verla así, la respiración de Sebastián se volvió pesada y sus puños se apretaron con tal fuerza que los nudillos crujieron.
Con una sensación de opresión en el pecho, dio un paso adelante por instinto. Pero Valentina bajó la mirada y retrocedió varios pasos. Una ráfaga de viento sopló, pareciendo llevarse el poco color que quedaba en su rostro.
Lucas escuchó el alboroto y, al salir del ala de servicio, vio a los tres en el patio junto a un Maybach con la puerta abierta.
Frunció el ceño.
Los vehículos de Daniel Zamora y de Ricardo Mendoza siempre tenían acceso libre a Villa Esmeralda. A pesar de que la relación entre Sebastián y Daniel se había roto, Sebastián no había dado órdenes a los guardias de la entrada, por lo que Daniel había podido ingresar sin problema.
Había sido un descuido suyo.
Al ver a Valentina sufriendo, Daniel se acercó a ella.
—Valentina, vámonos.
La mirada de Sebastián se clavó en la mano de Daniel que sujetaba el brazo de Valentina. Su rostro se oscureció.
Levantó una mano.
El rostro de Valentina palideció.


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