Entrar Via

La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 270

Quince días para dejarla salir...

Valentina apretó las sábanas debajo de ella con tanta fuerza como si fuera un náufrago aferrándose a una tabla de salvación.

Quería fingir que no lo había escuchado, ignorar por completo las palabras de Sebastián.

Pero su voz seguía resonando en su cabeza, haciendo imposible ignorarlo, al igual que su amenaza.

Su tono reflejó el agotamiento y la impotencia.

—¿Vas a tenerme bajo arresto domiciliario?

El Día de Año Nuevo la había traído a este lugar, pero no le había quitado el teléfono, la sacó a cenar y parecía haber cierto margen de libertad.

Pero ahora, incomunicada del mundo exterior, esto era a todas luces un arresto domiciliario.

—Villa Esmeralda tiene el tamaño de treinta canchas de básquetbol. Es espacio suficiente para que te muevas —respondió Sebastián, observando cómo el cuerpo bajo las sábanas se tensaba al escucharlo.

No negó lo del "arresto domiciliario".

Qué ironía.

¿Acaso una jaula deja de serlo solo porque es enorme y tiene lujos?

Ella, dándole la espalda, soltó una carcajada amarga.

—¿Para proteger a Isabela necesitas quince días?

Si Sebastián quería esconder a alguien, bastaba con mover un dedo.

Lo que ella no sabía era que, tras sacarla de la Villa de los Recuerdos, los hombres de Lucas habían trasladado a Isabela en secreto. Para cuando los escoltas de la familia Solís llegaron, ya no había rastro de ella.

Valentina cerró los ojos, y la voz grave de Sebastián resonó de nuevo:

—Espera quince días.

No quería escuchar nada más. Si esperaba quince días para salir, ya ni siquiera sabría dónde estaba Isabela.

No podía sacarle ni una palabra a Lucas. Cuando se trataba de su jefe, ese hombre era una tumba; aunque le pusieran un cuchillo en el cuello, se tragaría el secreto con todo y cuchillo.

¡Pero la intriga lo estaba matando!

Apenas llegó al pasillo, la puerta de la habitación principal se abrió.

Sebastián salió, vestido con una bata negra y el cabello aún húmedo, evidentemente recién salido de la ducha.

Una sonrisa maliciosa asomó en el rostro de Ricardo, pero rápidamente recordó que Sebastián acababa de dispararle a Valentina. Ella jamás accedería a tener intimidad con él ahora mismo, y era dudoso que Sebastián tuviera eso en mente en tales circunstancias.

Borrando sus pensamientos indecorosos, se acercó.

Sebastián levantó la mirada hacia él, notando su expresión intrigada.

—¿Qué estás intentando averiguar?

—Nada —respondió Ricardo, fingiendo inocencia y preocupación—. Es que Lucas lleva rato sin bajar y me preocupó que su cerebro de piedra no se diera cuenta de que estaba haciendo de mal tercio.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido