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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 278

Después de comer, Sebastián cumplió su palabra y le entregó el preciado álbum de la Matriarca.

Entrada la noche, Valentina estaba acurrucada en una esquina del sofá, con el álbum en su regazo, pasando las páginas una por una.

Era como retroceder en el tiempo, a esos días en los que se refugiaba en los brazos de la Abuela para ver las fotos juntas.

Recordaba cómo le contaba historias de su juventud. Cómo conoció al abuelo de Sebastián y cómo logró obligar a ese hombre testarudo y enamorado a casarse con ella; y las historias de los padres de Sebastián.

La Abuela solía decirle que veía en ella el reflejo de su propia juventud. Por eso la consentía tanto.

La extrañaba con toda su alma.

De pronto, el álbum desapareció de sus manos. La profunda y magnética voz de Sebastián resonó junto a ella:

—Es muy tarde. Puedes seguir viéndolo mañana.

Al sentir las manos vacías, Valentina no intentó recuperarlo.

Bajó la mirada con indiferencia, desenredó las piernas del sofá y caminó hacia la cama. Apagó la luz, levantó las mantas y se recostó en el centro de la cama.

Finalmente, pronunció sus primeras palabras desde la cena.

—Vete.

El clic de la puerta cerrándose sonó casi inaudible. Valentina cerró los ojos. Pero entonces, el colchón se hundió detrás de ella, las sábanas se levantaron, y un brazo fuerte rodeó su cintura.

Su espalda chocó contra un pecho amplio y cálido.

En medio de la oscuridad, Valentina no luchó. Simplemente abrió los ojos lentamente.

—Esa mañana en el mercado, cuando Mateo se interpuso para recibir la puñalada, me llamaste y no alcancé a contestar. En ese momento ya sospechabas que Isabela había contratado a alguien, ¿verdad?

El brazo que la rodeaba se tensó por una fracción de segundo, antes de apretarla aún más fuerte.

El silencio era su respuesta.

Valentina dejó escapar una risa amarga. En la oscuridad, nadie podía ver las lágrimas resbalar por las comisuras de sus ojos.

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