El centro de conferencias tenía toda una pared de cristal. Cuando Sebastián cruzó a paso apresurado con Valentina en brazos, absolutamente todos los presentes lo vieron.
Para sorpresa general, el rostro del siempre imperturbable señor Correa mostraba ahora un evidente rastro de pánico.
—¿Ese no es el señor Correa?
—¿Por qué lleva a una mujer en brazos?
Los colegas de Valentina reconocieron rápidamente su ropa y se levantaron a toda prisa para seguirlos.
Al llegar a la salida, vieron a Valentina con el rostro pálido como el papel, apoyada lánguidamente contra el pecho de Sebastián, completamente inconsciente.
—Señor Correa, ¿qué le pasó a Valentina?
Los organizadores del evento también salieron corriendo. Sebastián era la figura central de ese foro; sin él, ¿cómo iban a continuar?
Y, de la nada, se marchaba cargando a una mujer desmayada.
Como Sebastián la protegía fuertemente contra su pecho, a simple vista era difícil reconocerla para los que no eran cercanos a ella.
¿Valentina?
¡Esa era la señora Correa!
Con el rostro sombrío, Sebastián miró a los organizadores y sentenció: —El foro queda cancelado.
Lucas Ortiz arrancó el auto de inmediato.
En el asiento trasero, Sebastián sostenía a Valentina, quien seguía inconsciente. Tenía los labios apretados en una línea dura mientras le secaba el sudor frío de la frente con un pañuelo.
¿Acaso se había enfermado por el frío en la playa el día anterior?
Al llegar al hospital, el personal de urgencias ya los estaba esperando en la entrada. Sebastián bajó a Valentina en brazos y entró a zancadas largas, sin soltarla hasta que la dejaron en la sala de exámenes.
Los minutos pasaban lentos.
Lucas miró el reloj; Valentina llevaba media hora adentro.
Junto a la ventana, Sebastián permanecía estático, como una estatua. Había adoptado esa postura desde el instante en que ella desapareció tras la puerta.
Era una escena que le traía a Lucas un recuerdo sombrío: la primera nevada en Miramar, hace poco más de un año, la tarde en que a Valentina le indujeron el parto. Hacía un frío cortante.
Ese día, Sebastián también se había quedado inmóvil frente a la sala de operaciones.

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