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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 301

Durante el almuerzo, Valentina decidió no ocultarle más la verdad a Mateo y se lo confesó:

—Renuncié. Mañana mismo firmaré los papeles de mi salida.

Mateo, que estaba usando los cubiertos para servirle comida —la mesa estaba llena de sus platillos favoritos—, detuvo su mano al escucharla. Levantó la mirada hacia ella, apretando los labios.

Apretó los cubiertos con más fuerza y bajó la cabeza para seguir comiendo.

—¿Y qué? ¿Planeas irte de Miramar?

Valentina suspiró en su interior, maravillada de que Mateo fuera verdaderamente su mejor amigo; la conocía a la perfección.

Con solo mencionar que había renunciado, él ya deducía que se iría de la ciudad.

—Sí, quiero ir a otro lugar y empezar de cero.

Mateo no hizo preguntas de más. Simplemente dijo:

—Te buscaré un buen lugar. Compraré la casa por adelantado para que, cuando llegues, puedas mudarte de inmediato.

—No es necesario, ya sé a dónde quiero ir.

Mateo sintió una opresión en el pecho. Si ella ya había elegido el lugar, significaba que llevaba tiempo planeando irse.

Se quedó en silencio, y Valentina se sintió culpable.

Le sirvió comida, la puso en su plato y le dijo con paciencia:

—No te enojes, no fue mi intención ocultártelo. Ya le pedí a alguien que me ayudara a ver una casa. Dos habitaciones: una para ti y una para mí.

Mateo apretó un poco los labios, su expresión se relajó visiblemente y resopló:

—Menos mal que tienes conciencia y no me dejaste abandonado.

Valentina no mencionó a Sebastián, y él tampoco. Era como si Sebastián se hubiera convertido en un completo extraño para ellos.

...

Al día siguiente, Valentina fue a la estación de televisión a tramitar su renuncia.

Tal vez los directivos ya habían dado la orden, porque el proceso fue sumamente fluido.

Al salir del edificio de la televisora, Valentina respiró hondo, sintiendo los ojos un poco calientes.

Desde que Sebastián fue puesto bajo investigación, el escándalo se había expandido. El Grupo Correa se quedó sin cabeza y Nicolás Correa, como miembro de la familia y vicepresidente del grupo, fue impulsado al poder, convirtiéndose en el líder interino.

Valentina decidió que este era el mejor momento para irse.

Esa noche, antes de dormir, recordó la promesa que le había hecho a Aein en la playa.

Abrió la aplicación de mensajes y entró al chat con Aein.

«Aein, he decidido ir a Estados Unidos. Ya compré mi boleto para pasado mañana. No es necesario que vayas a despedirme, solo quería avisarte. Espero que llegue el día en que volvamos a vernos».

Recordó lo que Aein había escrito en el globo de cantoya: "Que el tiempo siempre nos vuelva a reunir". En este mundo, los reencuentros eternos rara vez existían.

Justo cuando estaba a punto de quedarse dormida, su teléfono sonó.

Entrecerrando los ojos, abrió el mensaje. Era de Aein.

«Estoy abajo de tu edificio. Baja».

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