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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 318

Como si hubiese recordado algo, Arturo continuó hablándole:

—J no te abandonó intencionalmente. Tuvo que enfrentarse a la gente de Sebastián y salió lastimado. Ya sabes que ese gorila de Lucas Ortiz es muy bueno peleando, es terrorífico.

Cada vez que Arturo se había enfrentado a Lucas, no había durado ni diez asaltos, lo que demostraba que las verdaderas habilidades del guardaespaldas seguían siendo un misterio para él.

Sin embargo, la vez que lo salvó en el barco se había percatado de que el hombre era cosa seria.

La mirada de Valentina se ensombreció.

¿Aein estaba herido?

¿Sería posible que sus sospechas estuvieran equivocadas?

—¿Es grave? —preguntó Valentina con angustia, dándose cuenta de que él había resultado lastimado por protegerla, mientras ella había llegado a sospechar que estaba del lado de Sebastián.

A pesar de tener una figura y presencia impresionantes, Lucas poseía un nivel de pelea monstruoso y abrumador.

Cuando entrenó con Aein, en secreto trató de medir su fuerza en comparación con la de Lucas. Había visto pelear a ambos con sus propios ojos.

En su opinión, los dos tenían una fuerza muy similar y equilibrada.

¿Y ahora resulta que Aein no pudo contra Lucas?

Arturo sacudió la cabeza.

—No he ido a verlo, solo me comentó que está lastimado. Aun así, aunque estuviera malherido, nunca te lo diría. Si no fue capaz de protegerte, significa que las heridas deben ser graves. Lo iré a ver más tarde.

Antes de que Lucas lo salvara, pensaba que Aein podría darle una paliza, pero al parecer, no era buena idea buscarse un problema con Lucas.

Valentina le dijo en tono pensativo:

—Mañana iremos juntos a visitarlo.

Si Sebastián fue capaz de detenerla, probablemente también sabía que ella tenía intención de irse de Miramar, por lo que sería difícil abandonar la ciudad en el corto plazo.

Pero Sebastián debería estar en el centro de detención. ¿Cómo salió?

A menos que...

Arturo explicó el caso con un tono cauteloso:

—El informante dejó una nota de suicidio donde contaba a detalle de qué manera Nicolás le había dado el soborno y además adjuntó audios e información sobre los pagos. Tal vez era cierto lo que decía en la carta: se quitó la vida porque no aguantó la presión.

En ese momento, llamaron a la puerta.

—Voy a abrir —ofreció Arturo.

Al acercarse, asomó la cabeza hacia afuera, y luego miró a Valentina con una expresión extraña:

—Señorita Vargas, es la madre de Nicolás.

¿Tía Diana?

De seguro había venido por lo de Nicolás. Valentina lo sopesó por unos segundos, antes de soltar un suspiro y asentir.

Acostándose sobre la cabecera, presenció cómo la mujer entraba. Tía Diana iba arreglada tan elegante como siempre, aunque se le notaba agotada, y tenía los ojos enrojecidos e hinchados.

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