—No es asunto tuyo —replicó Lucas con frialdad antes de colgar.
El cielo se oscureció. Tras pasar la fiesta de la Candelaria, las celebraciones en Miramar habían llegado a su fin.
Ya no se escuchaban fuegos artificiales ni petardos en las calles; por todas partes reinaba esa calma melancólica que sigue a las festividades.
Y aquella villa, la Villa de los Recuerdos, se sentía tan fría y desolada como una tumba.
La mente de Isabela daba vueltas a las palabras de Lucas.
Mientras más pensaba, más se enredaba, hasta que por fin logró atar los cabos.
Durante todo este tiempo, tal como sospechaba, Sebastián la había mantenido a su lado únicamente por su sangre, o por algo relacionado con ella.
¡Y ahora que había encontrado a alguien más compatible, la estaba desechando como a un peón inútil!
Al comprenderlo, sintió que el cuerpo se le entumecía. Rígida y vacía, se quedó mirando la pantalla oscura del teléfono y volvió a marcar el número de Lucas.
¡Nadie respondió!
—¡Aaaah! —gritó Isabela, y en un arrebato de furia, estrelló el teléfono contra el suelo.
Se cubrió el rostro con las manos y rompió a llorar.
¿Por qué las cosas habían terminado así?
Ella solo quería un poco de afecto de Sebastián; con solo un poco, habría estado dispuesta a...
De repente, el sonido del motor de un auto resonó fuera del jardín.
¡Es Sebastián!
Isabela apartó las manos de su rostro al instante; sus ojos, enrojecidos y húmedos, se iluminaron con esperanza.
Sonriendo entre lágrimas, presionó el botón de su silla de ruedas. Como le parecía que avanzaba demasiado lento, le gritó a la cuidadora:
—¡Rápido, empújame afuera!
Sin embargo, en las puertas del jardín, sus guardaespaldas detuvieron el vehículo.
Los hombres tapaban la matrícula del auto, pero a Isabela le bastó un vistazo para saber que no era el de Sebastián.
No era él.
—No es él —murmuró, decepcionada.
Humberto abrió la puerta del auto y bajó. Al ver la evidente decepción en el rostro de Isabela, resopló con frialdad y entró.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido
Habrá acrualizacion.....