La pantalla mostraba la página principal de la red social más importante del país, en la cual Sebastián tenía una cuenta personal oficial.
La última vez que usó esta cuenta fue para reconocer públicamente a Valentina como su esposa.
Y esta vez...
Isabela vio que la cuenta desde la que se había publicado pertenecía efectivamente a Sebastián, y la publicación, hecha hace apenas media hora, era un comunicado aclaratorio oficial.
Isabela pasó por alto el resto del texto, y sus ojos se clavaron desesperadamente en la última línea:
«Valentina Vargas y yo ya no tenemos ninguna relación.»
Isabela soltó una carcajada espontánea.
Emocionada, agarró la tablet con sus manos temblorosas y leyó el comunicado una y otra vez.
¡Sebastián realmente había cumplido su palabra!
En su momento, Sebastián había hecho pública la identidad de Valentina, elevándola frente a todo el mundo al estatus de la señora Correa.
¡Y ahora, él mismo había emitido un comunicado para dejar claro que ya no tenían nada que ver!
¡Qué ganas tenía de ver la reacción de Valentina cuando se enterara de esto!
Mientras celebraba, una alarma se encendió en su cabeza.
Recordó la mirada gélida que Sebastián le acababa de dirigir. Temiendo que él hubiera creado una página falsa solo para engañarla, entró frenéticamente a la sección de comentarios.
—¡Resulta que Valentina nunca fue la verdadera señora Correa!
—Entonces, ¿qué diablos significó aquel anuncio oficial la otra vez?
—¿Nos estuvieron viendo la cara todo este tiempo?
—Los dramas de los ricos son un asco.
—Yo vi a Valentina entrar al tribunal el otro día. ¿No será que se divorciaron porque Valentina ya no quiso estar con Sebastián?
—¡Estás soñando, comentario de arriba! ¿Por qué no podría ser Sebastián el que la echó a ella?
—¡Claro que no! Tengo un amigo que trabaja en el canal de televisión donde trabajaba Valentina y escuchó que fue ella quien tomó la iniciativa de divorciarse. ¡Ella fue quien botó a Sebastián!
Las extrañas teorías de los internautas confundieron a Isabela. Esperaba que los comentarios estuvieran plagados de burlas y ataques destructivos contra Valentina.
Pero era comprensible. Como ella estaba secuestrada, no había podido contratar granjas de bots para controlar la narrativa, y Valentina, debido a su profesión, siempre había mantenido una imagen intachable en la sociedad.
¡Jamás lo permitiría!
¡La única mujer que Sebastián debía reconocer ante el mundo era ella! ¡El título de la señora Correa le pertenecía solo a ella!
¡Había sido Valentina la ladrona que le arrebató su lugar, y esa vieja Correa la que siempre se opuso a su felicidad!
Sebastián sacudió la ceniza del cigarrillo y le hizo un leve ademán con la cabeza a Lucas.
El pánico se apoderó de Isabela, quien gritó apresuradamente:
—¡Te lo diré!
Respiraba agitada, aterrorizada de que un solo segundo de demora hiciera que Sebastián se arrepintiera.
—El antídoto está en la mansión de la familia Campos. En mi alcoba, en la esquina inferior izquierda del clóset hay un compartimento secreto. Tienes que presionar el botón y luego meter la clave. La contraseña es tu fecha de cumpleaños. El antídoto está guardado ahí.
Sebastián entrecerró los ojos y levantó una mano hacia Lucas.
Lucas abandonó el sótano de inmediato para ir a buscarlo personalmente.
Lo que Isabela no sabía era que, afuera de ese oscuro sótano, los internautas acababan de descubrir que la red social más importante del país se había caído misteriosamente hacía media hora.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido
Habrá acrualizacion.....