Con excepción de las veces que había ido a visitarlo al set de filmación, esta era la primera vez que Valentina acompañaba a Mateo en su trabajo de manera oficial.
Al ver a Mateo sentado frente al tocador, rodeado de estilistas, Valentina sintió que la situación era bastante entretenida.
A través del espejo, la mirada de Mateo se cruzó con la de Valentina, quien lo miraba fijamente sin pestañear. Su nuez subió y bajó con dificultad.
—¿Por qué me miras con esa cara de pervertida?
Todo el equipo de maquillaje y peinado era personal exclusivo de Mateo; Valentina ya los conocía a todos.
Al escuchar la broma de Mateo, los presentes soltaron una carcajada.
Frente a él, Valentina nunca tenía pelos en la lengua.
—Teniendo semejante obra de arte enfrente, no me culpes a mí —dijo ella, sentándose de forma relajada a su lado.
Apoyó el mentón en la mano y se quedó observando de cerca ese rostro que rayaba en la perfección absoluta.
—La verdad, con esa cara que te cargas, siento que el maquillaje solo estorba. Tu estructura ósea es demasiado perfecta.
Tras escuchar su comentario, la maquillista asintió con entusiasmo:
—Tiene toda la razón. La estructura facial de Mateo es tan perfecta que no vas a encontrar a nadie igual en toda la industria del entretenimiento.
—En el mundo del espectáculo tal vez no, ¡pero sí hay alguien afuera que le da batalla! —intervino de repente una de las chicas más jóvenes del equipo—. La estructura ósea de Sebastián Correa es la única que he visto tan perfecta como la de Mateo. Vi fotos de él en internet una vez y, ¡uf!... Es una cara que se vería como un dios tanto en ropa moderna como en traje de época.
El mánager se dio la vuelta desde su asiento:
—¿Estás hablando del presidente del Grupo Correa?
La chica asintió con fervor.
El mánager suspiró profundamente, como si fuera la mayor tragedia del mundo.
—Qué lástima. Un hombre con tanto poder y dinero jamás pondría un pie en el mundo del espectáculo. Si lo hiciera, con esa cara y esa altura, arrasaría con todo. Si yo lo representara a él y a Mateo al mismo tiempo, tendría las dos cartas más ganadoras en mis manos y sería invencible.
Mateo fingió mirar su teléfono, pero de reojo observó detalladamente el rostro de Valentina.
Al notar que su expresión no cambió en absoluto, como si aquel comentario sobre el hombre que era el centro de atención no le importara lo más mínimo, pateó suavemente la silla de su mánager.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido
Habrá acrualizacion.....