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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 402

Los meseros comenzaron a traer los platos, y Valentina notó que el Profesor Figueroa había pedido todas sus comidas favoritas.

Él no solo había sido su tutor durante su posgrado. Cuando estaba en la escuela primaria y se hizo amiga de Isabela Campos, como el padre de esta, Humberto Campos, no la quería mucho, Isabela solía pasar los fines de semana en la casa del profesor, y a menudo invitaba a Valentina a ir con ella.

Desde entonces, el profesor siempre la había tratado con gran cariño. A veces, Valentina sentía que era incluso mejor con ella que con su propia sobrina.

Él solía decirle que verla era como ver a su madre, su antigua compañera de clases.

Por eso, cuando su amistad con Isabela se rompió, Francisco Figueroa no tomó partido; siguió tratándola con el mismo afecto de siempre.

Valentina usó los cubiertos de servir para poner algo de comida en el plato del profesor.

—¿No ha descansado bien? Se ve un poco pálido.

—¿Tú crees? —Francisco apretó los cubiertos con fuerza, y su mirada se oscureció un poco—. Tal vez un poco. Estoy trabajando en un proyecto nuevo.

—Asegúrese de descansar lo suficiente —dijo Valentina, sirviéndole un tazón de sopa.

El profesor la miró.

—Tú también come.

Ella asintió. Durante toda la cena, mantuvieron una charla ligera y el ambiente fue muy agradable.

De repente, el celular de Francisco vibró con un mensaje. Lo abrió; era de un número desconocido.

[Profesor Figueroa, confío en usted para su parte del trato. Yo ya he arreglado todo lo demás.]

La mano del profesor se congeló en el aire.

Era como si, a través del texto, pudiera escuchar la voz educada y refinada de aquel hombre desconocido.

Pero eso era solo una fachada. Las palabras de ese hombre eran como la lengua bífida de una serpiente venenosa, destilando un peligro frío y despiadado.

Él no quería que sus asuntos salieran a la luz. Le había costado demasiado llegar a donde estaba, y no iba a permitir que nadie lo arruinara.

—Valentina.

Valentina, que estaba tomando sopa, levantó la mirada al escucharlo.

—¿Pasa algo, profesor?

De repente, una cadena de plata con un dije redondo y pesado descendió frente a sus ojos, balanceándose de un lado a otro con un ritmo hipnótico, emitiendo un sonido muy suave, casi imperceptible.

Capítulo 402 1

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