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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 409

Detrás de las llamas, el rugido de un motor se acercaba.

Fausto Navarro y sus hombres rodearon la casa roja. En la parte posterior aguardaban estacionadas dos furgonetas.

Valentina fue empujada al interior de uno de los vehículos, pero no ofreció resistencia. Sabía que luchar en ese momento sería inútil. Dadas las circunstancias, Fausto no la asesinaría allí mismo; su única prioridad debía ser buscar el momento idóneo para escapar antes de que lograran llevarla a la frontera.

Al otro lado de las llamas, un guardaespaldas gravemente herido logró arrastrarse fuera de los escombros de su vehículo. Apoyado temblorosamente contra la puerta destrozada, levantó la mirada hacia el auto que venía a toda velocidad. La matrícula pasó frente a sus ojos como un destello.

¡Era el Señor Correa!

Sebastián frenó en seco y bajó del auto. El viento proveniente del muelle esparcía el humo espeso por el área. Sujetó al guardaespaldas por el brazo y preguntó con voz grave y exigente:

—¡¿Dónde está Valentina?!

—Lo siento, señor. Se la llevó Fausto Navarro. Subieron a unos vehículos y tomaron rumbo hacia el oeste...

Sebastián cerró la puerta de un portazo, arrancó y aceleró a fondo en dirección oeste.

Desde que supo que el auto de Valentina se dirigía hacia las afueras, había ordenado a todos sus hombres y coordinado con la policía el bloqueo total de todas las vías de entrada y salida de Miramar.

Probablemente Fausto ya estaba enterado de la movilización. Ahora mismo, estaba atrapado dentro del perímetro de la ciudad.

Hacia el oeste solo se encontraba la nueva red ferroviaria de alta velocidad, aún sin inaugurar. La infraestructura de construcción todavía bloqueaba los caminos, lo que hacía imposible avanzar en auto.

La única ruta viable era atravesar la montaña árida junto a la estación de tren, y más allá se encontraba la interminable Sierra de los Halcones, que conectaba con el exterior de Miramar.

El camino era intransitable por tierra, pero perfecto para ser extraídos por helicóptero.

Si Sebastián lo sabía, Fausto también.

Una vez que cruzaran esas montañas, ya no estarían bajo la jurisdicción de Miramar. La influencia de Fausto abarcaba varias ciudades, y aunque Sebastián tenía hombres de confianza en otros lugares, no iba a poner la vida de Valentina en manos de nadie más.

Sebastián pisó el acelerador a fondo y marcó un número de emergencia en su teléfono.

Cuando contestaron del otro lado, ordenó con frialdad:

—Movilicen los helicópteros artillados. Y avísenle a Lucas.

...

El caos de la explosión y los tiroteos durante el rescate de Isabela Campos fue imposible de ocultar. La noticia no tardó en llegar a oídos de Ricardo Mendoza.

Capítulo 409 1

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