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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 460

Ricardo, con la ropa empapada, se apoyó contra los fríos azulejos del baño. Observó con absoluta calma la perfecta figura de Leticia bajo el chorro de agua, viendo cómo ella ignoraba su presencia por completo y se enjuagaba la espuma de la piel.

Esas manos hermosas y delicadas descendían desde su clavícula.

Ricardo entrecerró los ojos. Soltó una carcajada seca y fría, se arrancó la camisa empapada de un tirón y la arrojó al suelo.

—¿Cómo voy a dejar que mi hermanita se bañe sola?

—De todos modos yo también me tengo que bañar, te ayudaré.

Finalmente, la rabia se asomó al rostro inexpresivo de la mujer. Intentó zafarse con todas sus fuerzas, pero con un rápido movimiento, Ricardo la giró y la acorraló de espaldas contra la pared.

—No te muevas si no quieres que te duela.

—Llamándome hermana a cada rato... ¿no tienes miedo del castigo divino? —escupió ella, girando la cabeza para fulminarlo con sus hermosos ojos.

—No compartimos sangre, así que no habrá castigo divino —susurró Ricardo mordiéndole la oreja con voz ronca—. Está bien, de ahora en adelante no te llamaré hermana... excepto en la cama.

Sin darle oportunidad de responder, aprovechó que ella había girado el rostro para tomarla bruscamente por la barbilla y devorar sus labios en un beso feroz.

Tras arrojarla a la enorme cama, Ricardo recordó la última vez que Leticia había escondido unas tijeras bajo la almohada, a punto de dejarlo castrado.

Esta vez, no olvidó deslizar la mano bajo la almohada. Tal como sospechaba, encontró un cuchillo para fruta. Lo sacó y lo arrojó al suelo.

En cuanto el cuchillo cayó, se abalanzó sobre ella.

Al escuchar a la siempre gélida mujer soltar un grito incontrolable, un destello de perverso placer iluminó sus ojos.

—Parece que de verdad quieres matarme. Pero me niego a morir de otra forma que no sea sobre ti.

Pasado el mediodía.

Ricardo, recién bañado, estaba de pie junto a la cama con un cigarrillo sin encender en la boca. Su mirada era fría.

Observó a la mujer que yacía boca abajo en la cama, con la mirada vacía y el cuerpo ya sin temblores.

Comenzó a abotonarse la camisa.

Capítulo 460 1

Capítulo 460 2

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