Cuando Isabella se iba, vio a Otilia bajar corriendo de las escaleras con mucha prisa, pero en cuanto pasó a su lado, Diana le soltó una bofetada.
Diana estaba que echaba chispas y no tenía con quién desquitarse. Antes de empezar a gritar, echó un vistazo a la puerta para asegurarse de que Isabella ya se había ido, y solo entonces se sintió tranquila para soltarle todo.
—¿Qué significa que dejes el acta de matrimonio aquí? ¿Querías que la tal Isabella se enterara de lo tuyo con Gabriel?
—Todo lo que te dije anoche no sirvió de nada, ¿verdad? Y todavía te atreves a hacerte la listilla. De verdad que me equivoqué contigo. ¿Qué mosquita muerta ni qué nada? ¡Eres una zorra hipócrita!
—¡No olvides que si este proyecto está como está, es en gran parte tu culpa! Te lo advierto, si al final esto no se logra y la empresa pierde dinero, ¡te voy a destrozar, maldita estúpida!
Otilia se quedó helada con la sarta de insultos, sin atreverse a decir ni una palabra. Tuvo que esperar a que Diana se desahogara por completo para ayudarla a levantarse.
Pero Diana no había terminado. Miró el acta de matrimonio que tenía en las manos y amagó con romperla.
—¡Mamá, no, no la rompas! —Otilia intentó quitársela.
Diana la empujó y, en un par de segundos, la hizo pedazos.
—¡A ver si así dejas de hacerte la inteligente!
***
Al salir del trabajo por la tarde, Isabella tomó un taxi directamente a El Palacio del Sabor.
El Palacio del Sabor era un restaurante exclusivo, solo para socios. Que Iria hubiera podido reservar una mesa para invitarla demostraba el empeño que le había puesto.
Justo cuando bajaba del taxi, una persona se le plantó enfrente, bloqueándole el paso al restaurante.
—Bella, ¿de verdad le vas a dar el proyecto a Empresa Futuro? ¿No sabes que Empresa Futuro y Grupo Triunfo son enemigos a muerte?
Era Gabriel Ibáñez. Ya no se veía tan acabado como en la mañana; seguía de traje y corbata, pero con la cara algo hinchada por la borrachera.
—¿Ya se te pasó la borrachera? —preguntó Isabella, arqueando una ceja.
—Es que no dejo de pensar en ti, en que quieres divorciarte de mí, y me puse muy mal. Por eso bebí tanto anoche. Cuando me desperté en la mañana, sentía que la cabeza me iba a explotar —se quejó Gabriel, frunciendo el ceño con un dejo de reproche en la voz.
—Qué lástima que el registro civil ya cerró. Tendrá que ser mañana.
—¿Qué quieres decir? ¿Todavía quieres divorciarte de mí? ¿No te doy ni un poco de lástima?
Isabella no tenía ganas de discutir. Siguió caminando, pero Gabriel volvió a interponerse.
—¡Bella, no puedes darle este proyecto a ninguna otra empresa, tiene que ser para Grupo Triunfo! —exigió él con autoridad.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...