Le daba la impresión de que el carro había estado esperando a propósito a que ella llegara para atropellarla.
Como las heridas de Gabriel no eran graves, Raúl Ibáñez le exigió que se quedara en el hospital a cuidarlo mientras ellos se iban.
—Recuérdalo bien, a partir de ahora, le debes la vida a mi hijo. ¡Más te vale que se lo pagues como es debido! —fue la frase con la que Diana se despidió.
Isabella observó cómo se alejaban los tres, y con la mirada perdida, se puso a pensar.
—Bella, ¿sigues ahí afuera? —la llamó Gabriel desde la habitación.
Isabella respiró hondo varias veces, tratando de parecer lo más natural posible, y abrió la puerta.
—Voy a comprarte algunas cosas de aseo. Descansa un poco —dijo.
Gabriel desconfió.
—No me vas a dejar aquí solo, ¿verdad?
—Claro que no, no te preocupes.
Tras tranquilizar a Gabriel, Isabella se fue a un extremo del pasillo y llamó al policía que la había atendido antes.
—Recordé algo más. Sospecho que el conductor me atropelló a propósito, quizás con otras intenciones.
Después de colgar, Isabella regresó a la puerta de la habitación de Gabriel y se quedó escuchando atentamente.
Efectivamente, al poco rato sonó el teléfono de Gabriel.
—¿Que mi esposa sospecha que la atropellaste a propósito?
—No te alteres, yo me encargo de esto.
—Yo te pagué para que hicieras un trabajo. El dinero ya te lo di y tú ya cumpliste. Ahora mantén la boca cerrada. No importa lo que te pregunte la policía, tú di que fue un accidente, que te descuidaste y ya.
Dijo un par de cosas más y colgó.
Isabella entrecerró los ojos. Así que el accidente había sido planeado por Gabriel.
Hacer que un carro la atropellara para luego él "salvarla", y así hacerla sentir en deuda para que dejara de hablar de separación o divorcio. Y todo, al final, para conseguir el proyecto de Grupo Domínguez.
¡Qué rastrero!

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...