Isabella no respondió. Conociendo el carácter de Casandra, estaba segura de que no tardaría en buscarla.
Después de la tienda de vestidos, fueron a ver el lugar para la boda.
El sitio era una famosa hacienda de estilo europeo, la más conocida de Nublario. Pero en cuanto el carro se detuvo, Diana, al ver la hacienda, volvió a molestarse.
—¿Pretendes dejar a nuestra familia en la ruina con tu boda? Eres una derrochadora. ¿Tienes idea de lo que cuesta celebrar una boda aquí? ¿Crees que te lo mereces?
Isabella arqueó una ceja.
—Si me lo merezco o no, ya lo verás. Por ahora, solo quiero entrar a ver. Y no te preocupes, tu familia no tendrá que pagar ni un centavo.
Dicho esto, Isabella se bajó del carro y se dirigió a la entrada principal.
—Ja, ya verás. Te apuesto a que no la dejan ni pasar de la puerta. ¿Quién se cree que es? Sin nosotros, la familia Ibáñez, no es nadie, es menos que…
Diana estaba en medio de su diatriba cuando vio que la puerta principal se abría para Isabella y que un mayordomo salía a recibirla con amabilidad.
—¿Pero qué…? ¿Están todos ciegos o qué? ¿Un vestido de seis millones y se lo dejan probar como si nada? ¿Un lugar que cuesta por lo menos un millón para la fiesta y la dejan ver a su antojo? ¿Qué tiene, la cara cubierta de oro para que no le vean lo pobretona?
Mientras los insultaba, intentaron pasar, pero los detuvieron en la entrada. No fue hasta que Isabella dijo que venían con ella que los dejaron entrar.
La cara de Diana era un poema. Las de Gabriel y Otilia, también.
A Isabella le encantó el lugar. Lo reservó en ese mismo momento con el mayordomo y le comentó algunas de sus ideas.
—Más adelante, nuestro diseñador de bodas se pondrá en contacto con usted.
—Perfecto.
Al ver que Isabella y el mayordomo se ponían a conversar, Diana se metió de inmediato.
—Pues este lugar no me parece la gran cosa. Es demasiado grande, y mi familia no tiene tantos invitados. Además, ¿por qué hay un lago ahí atrás? Si alguien trae niños a la boda, es muy peligroso. Y esto… está muy lejos de la ciudad, el transporte es un problema. Y además…
—Disculpe, señora, ¿usted piensa celebrar su boda aquí? —preguntó el mayordomo.
Diana hizo una mueca.
—Si no fuéramos a celebrar una boda, ¿qué haríamos aquí? ¡Qué pregunta tan tonta!
—En ese caso, lamento informarle que ya tenemos todo reservado.
Al oír eso, los ojos de Diana brillaron.
—Para estar a la altura de alguien de la familia Crespo, su familia debe ser muy importante —dijo Diana, y aprovechó para lanzarle una indirecta a Isabella—. ¿Oíste? Solo la gente de ese nivel puede casarse aquí. Tú, mejor ve a mirarte en un espejo primero.
—¿La familia Crespo puede casarse aquí y la familia Ibáñez no? —replicó Isabella, arqueando una ceja.
Diana soltó una carcajada.
—Con eso no me provocas. La familia Ibáñez no está a la altura de la familia Crespo, es verdad. De hecho, ninguna familia en todo Nublario se les compara.
—Ah, ¿sí? —murmuró Isabella—. Entonces ser la nuera de la familia Crespo debe ser increíble.
—Ja, ¿y eso qué tiene que ver contigo?
***
Por la noche, Gabriel insistió en que Isabella cenara en casa de los Ibáñez. Por supuesto, Otilia también estaba allí.
Isabella sabía que esa cena no era una simple cena. Y, efectivamente, en cuanto se sentó, Raúl tomó la palabra.
—Ya estoy viejo, no tengo la misma energía de antes. Estaba pensando en retirarme después de que cerremos el trato con Grupo Domínguez. —Hizo una pausa y miró a Isabella—. No importa lo que haya pasado antes, la familia es la familia. La empresa debe quedar en manos de ustedes dos, de ti y de Gabriel.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...