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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 120

¿Pero qué era este circo?

La novia venía a probarse el vestido, pero resulta que el esposo era falso, la suegra era falsa, aunque la mejor amiga sí era de verdad. La suegra falsa quería organizarle una boda falsa a la novia, y el esposo falso decía que su amor por la novia era verdadero, pero aun así estaba de acuerdo con la boda falsa. Y por si fuera poco, el esposo falso y la mejor amiga de verdad eran un matrimonio real. La novia parecía la víctima, pero tampoco parecía ser una santa, pues los traía a todos dando vueltas, cuando en realidad ya estaba por casarse con otro.

¿Y todavía decía que era muy apropiado que su esposo y su mejor amiga se tomaran fotos de boda?

¿Apropiado?

Los valores de las dos empleadas volvían a ser puestos a prueba.

Gabriel cooperó, más que nada por miedo a que Otilia se soltara a llorar y lo contara todo. Por su parte, Otilia miraba a Isabella, que les tomaba las fotos, y sentía una retorcida satisfacción.

Para ella, Isabella era una pobre diabla que no sabía que su acta de matrimonio con Gabriel era falsa, que la boda que tanto esperaba también era falsa, y que ella, Otilia, era la verdadera esposa de Gabriel, la verdadera nuera de la familia Ibáñez. Ellos eran una familia, mientras que Isabella era el objeto de su burla, y encima les estaba tomando fotos.

¡Qué tonta, qué estúpida!

Isabella no solo les tomó fotos, sino que buscó los mejores ángulos y fondos, sacando varias, como si no quisiera que el momento terminara.

—¡Vaya, Bella, qué bien nos tomaste las fotos! —dijo Otilia con un tono burlón en la mirada.

—A mí también me parece que se ven muy bien. ¿Qué tal si te cedo a mi esposo? —dijo Isabella, guiñando un ojo.

—¿Qué broma es esa? —Otilia negó con la cabeza, desconcertada.

—¿No lo quieres?

—¡Bella!

—¿De verdad no lo quieres?

Otilia puso los ojos en blanco y, fingiendo bromear, dijo:

—Gabriel es guapo, tierno y detallista. ¡Claro que lo acepto si me lo cedes!

En ese momento, Gabriel salió ya cambiado de ropa, e Isabella se giró de inmediato para preguntarle:

—Le ofrecí cederte a Oti y resulta que sí te quiere. ¿Y tú, la querrías?

Gabriel frunció el ceño, se acercó a Isabella y le rodeó los hombros.

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