—Ay, ¿cuándo tendrá nuestra Oti una casa así de grande y bonita?
—Cuando se case, que se la compre su esposo.
—El problema es que a su esposo lo seduzca una zorra y se gaste todo el dinero en ella.
Isabella sintió una punzada. ¿La estaba insultando a ella?
«Vaya, si nos vamos a esas, yo estuve con Gabriel primero. Si hay una zorra aquí, sería su hija, ¿no?».
—Señora, voy a ir al centro comercial a comprar unas cosas. Si no tiene nada que hacer, puede venir conmigo.
—¡Claro! También quiero ver cómo compran los ricos en las tiendas.
Isabella le siguió el juego a Casandra.
—Yo no tengo dinero, pero mi esposo sí.
Casandra no pudo evitar un comentario ácido.
—Sí, te conseguiste un buen esposo.
Después de desayunar, Isabella estaba a punto de subir a cambiarse cuando sonó el timbre.
Fue a abrir y se encontró con Gregorio, el chofer de Jairo. Le entregó un juego de llaves y señaló un Porsche rojo estacionado afuera, diciendo que Jairo se lo había enviado.
Isabella supuso que, como la noche anterior se le había olvidado ir por la medicina a lo del doctor Estrada, le había dado el carro para facilitarle las cosas.
Todo por el bebé, al fin y al cabo.
El objetivo de Jairo siempre había sido claro, y el de ella también.
Isabella no se negó y aceptó las llaves.
Subió a cambiarse y, cuando bajó, vio a Casandra dando vueltas alrededor del Porsche.
—Señora, suba —le dijo, abriéndole la puerta.
A Casandra se le enrojecieron los ojos al ver el carro.
—¿Este también te lo compró tu esposo?
Isabella asintió.
—Sí.
—¡Ay, Dios mío! ¡No tiene miedo de quedarse en la ruina! —A Casandra le dolía hasta el alma.
Isabella sonrió, divertida.
—Mi esposo me compra un carro, ¿y a usted qué le preocupa?
—Es que… creo que ustedes los jóvenes deberían ser más ahorradores.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...