—¡Eres mezquina y envidiosa, por eso te vengas! ¡Quieres que todos te roguemos de rodillas para sentirte satisfecha!
—Oti, ¿cómo puedes decir eso de mí?
—Isabella, ¡ahórrate tu falsedad! ¡Ya me di cuenta de quién eres en realidad!
—¿Y qué fue lo que descubriste?
—¡Dices que soy tu mejor amiga, pero en el fondo siempre me has menospreciado! ¡Desde la escuela, a cualquier concurso que yo me metía, ahí ibas tú también, nada más para ganarme! Entraste al Grupo Triunfo y, con el pretexto de ayudarme, me metiste a mí también, ¡pero a mí me dejaste como asistente en el departamento de diseño mientras tú eras la gerente de proyectos! ¡Mi sueldo era de cinco mil pesos y tú te llevabas comisiones de más de cien mil por un solo proyecto!
Isabella sonrió.
—¿Entonces estuvo mal que te ayudara?
—Íbamos de compras y tú comprabas lo que se te antojaba sin mirar la etiqueta, ¡y yo ni para ver el precio tenía valor! Salíamos a comer y siempre pagabas tú la cuenta, haciéndote la generosa para que yo no pudiera ni cooperar. Íbamos de viaje y yo solo podía seguirte como un perrito faldero, jugando a lo que a ti se te ocurría. ¡Para todos los demás, yo era tu sombra, o peor, tu sirvienta, una pobre diabla! —Otilia soltó toda su frustración.
Isabella la escuchaba con atención y con una sonrisa. Así que esa era la razón por la que Otilia la había traicionado.
Y ella que pensaba que la ayuda desinteresada entre amigas era lo normal.
Ja… no solo Otilia era ridícula, ella también lo era.
—Te estás riendo de mí, ¿verdad?
—Sí.
Otilia pareció explotar de rabia y se abalanzó sobre Isabella.
Isabella no esperaba que perdiera la calma de esa manera. Instintivamente, dio un paso atrás y levantó las manos para protegerse.
—¡Isabella, a partir de hoy, ya no somos amigas!
Se lanzó hacia ella, pero justo cuando estaba a punto de tocar a Isabella, se echó hacia atrás y se dejó caer al suelo.
—¡Me pegaste!
—¡Algo malo pasó, algo malo pasó! —gritó Casandra, y sin hacerle más caso a Otilia, salió corriendo hacia la casa de enfrente—. ¡Señora Diana! ¡Isabella golpeó a Oti! ¡Le provocó un aborto!
Al oír eso, Diana salió de su casa a toda prisa y siguió a Casandra.
Primero miró a Otilia, que seguía en el suelo. Al ver la sangre, el pánico y la furia estallaron en su interior.
Empujó a Isabella con fuerza y le gritó:
—¡Más te vale que reces, porque si a mi nieto le pasa algo, te juro que me las vas a pagar con tu vida!
Isabella entrecerró los ojos. Era obvio que Otilia y su madre le habían tendido una trampa, pero no iba a dejarse intimidar tan fácilmente.
Sin embargo, Diana también se había delatado.
—¿Acabas de decir que el bebé que Otilia espera es tu nieto?
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...