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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 177

«¿Así que las dos se pusieron de acuerdo para culparme?», pensó Isabella.

Se arremangó. Con los sinvergüenzas, hablar no sirve de nada. Había que pasar a la acción.

Agarró a Casandra del brazo y, sin hacer caso a sus quejidos, la levantó y la arrojó a la calle.

—¡Lárgate a morir a otro lado!

—¡Tú… tú no tienes respeto por nada!

—¿Quieres hablar de leyes? ¿Llamo a la policia?

—¡Tú…! ¡No respetas a tus mayores!

—¡Al diablo con eso!

—…

Casandra la miró con los ojos desorbitados. Nunca se había topado con alguien tan difícil. Pero ella tampoco era una novata. Se tiró al suelo, se llevó una mano al pecho y empezó a gritar que se estaba muriendo, que Isabella era una asesina.

Isabella no se anduvo con rodeos. Se acercó y le dio una patada.

—¿Cómo te atreves…?

—¡Tú tranquila! ¡Si te mato, yo misma me entrego!

Dicho esto, levantó la pierna de nuevo, esta vez apuntando directamente a la cabeza de Casandra, apretando los dientes, como si fuera a usar toda su fuerza. Justo cuando iba a patear, Casandra cedió. Rodó por el suelo, aterrorizada, hasta llegar a la puerta de la casa de los Ibáñez.

Se secó el sudor frío de la frente, jadeando de miedo.

No podía con ella. Simplemente, no podía.

Ahora le tocaba el turno a Otilia. Si decía que quería matarla a ella y al bebé en su vientre, no podía quedar como una mentirosa. Se acercó y levantó el pie para patearla en el estómago.

—¡Ni se te ocurra!

Otilia ya estaba a punto de rodar para esquivarla, pero Diana, que hasta entonces había estado observando la escena, fue más rápida. Se abalanzó sobre Otilia, protegiéndola con su cuerpo.

—Isabella, si te atreves a tocar a mi nieto, yo… yo…

Isabella enarcó una ceja.

—¿Tú también quieres pelear conmigo?

—¡Sí, pelearé contigo!

—¡Pues, adelante!

—Yo… iré a verte en unos días.

—Sé que estás ocupada, ven cuando tengas tiempo, no hay prisa.

Diana los dejó hablar un poco antes de volver a girar la cámara hacia ella.

—Consuegro, hay un asuntito en el que me gustaría que convencieras a Bella.

—¿Pasó algo?

Isabella sabía lo que Diana iba a decir. Ansiosa, intentó quitarle el teléfono de nuevo, pero Diana amagó con volver a apuntarla con la cámara, y ella no se atrevió a moverse.

Diana le dedicó una sonrisa triunfante y siguió hablando con su padre.

Isabella apretó los puños. No le temía a nada ni a nadie, excepto a preocupar a su padre. Su salud era delicada, vivía medicado y no podía recibir disgustos.

Como era de esperar, Diana le contó sobre el conflicto entre Darío y su hermano, pero no como un intento de robo, sino como un pequeño malentendido que Isabella se negaba a dejar pasar, llegando al punto de exigir que expulsaran a Darío.

—Es normal que los jóvenes tengan sus roces. Una vez que se arreglan las cosas, todo debería volver a la normalidad. ¿Para qué llevarlo a este extremo? Somos familias de bien, no queremos atraer malas energías, ¿verdad?

Mientras hablaba, volvió a apuntar la cámara para que Elías Muñoz viera a Casandra y Otilia en el suelo. En cuanto se vieron en la pantalla, ambas fingieron estar tan golpeadas que no podían levantarse.

***

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