Jairo se quitó el saco, se desabrochó los dos primeros botones de la camisa y se acercó a ella.
Isabella no esperó a que se acomodara y le lanzó un puñetazo, pero él lo detuvo con una mano y se la torció hacia atrás. Isabella reaccionó rápido y, aprovechando el movimiento, levantó una pierna para tratar de soltarse, pero él le sujetó el talón y la empujó con fuerza.
Isabella trastabilló un par de veces antes de recuperar el equilibrio.
—¡Ese no cuenta, todavía no estaba lista!
Jairo sonrió.
—¿Y ahora ya estás lista?
—Me duele un poco la mano.
Isabella fingió sobarse la muñeca y, en cuanto vio que Jairo se arremangaba, lo atacó de nuevo por sorpresa, esta vez con una patada directa.
Jairo la esquivó y, al mismo tiempo que le sujetaba la pantorrilla, tiró de ella hacia adelante.
Isabella terminó sentada de golpe en el suelo, con las dos piernas estiradas. Menos mal que tenía buena flexibilidad; aguantando el dolor del estirón, giró en el suelo y le lanzó un golpe a la parte de atrás de la rodilla.
Jairo lo esquivó primero y luego le agarró el brazo. Ella aprovechó el impulso para levantarse e intentar un gancho de izquierda, pero Jairo le inmovilizó ambas manos, atrapándola firmemente contra su pecho.
—¡No juegas limpio! —protestó Isabella, molesta.
Jairo le rozó la nariz con la barbilla.
—¿Y quién fue la que atacó por sorpresa?
—¡Eso se llama estrategia!
—¡Eso se llama ser una tramposa! —Jairo le observó la frente con atención—. ¿Alguien te molestó? ¿Quieres que te ayude a vengarte?
Isabella negó con la cabeza.
—Si tengo que vengarme de alguien, lo hago yo misma. No tiene chiste que lo haga alguien más.
Jairo sonrió.
—No tengas miedo de meterte en problemas, yo te cubro.
Isabella se acurrucó un poco más contra él, pero en ese momento percibió un olor.
—¿Tomaste?
—Un poco.
—Oye, ¿por qué tú sí puedes tomar y yo no? ¡No es justo!
—¿Ya se te antojó?
—Un poquito.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...