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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 202

Jairo se quitó el saco, se desabrochó los dos primeros botones de la camisa y se acercó a ella.

Isabella no esperó a que se acomodara y le lanzó un puñetazo, pero él lo detuvo con una mano y se la torció hacia atrás. Isabella reaccionó rápido y, aprovechando el movimiento, levantó una pierna para tratar de soltarse, pero él le sujetó el talón y la empujó con fuerza.

Isabella trastabilló un par de veces antes de recuperar el equilibrio.

—¡Ese no cuenta, todavía no estaba lista!

Jairo sonrió.

—¿Y ahora ya estás lista?

—Me duele un poco la mano.

Isabella fingió sobarse la muñeca y, en cuanto vio que Jairo se arremangaba, lo atacó de nuevo por sorpresa, esta vez con una patada directa.

Jairo la esquivó y, al mismo tiempo que le sujetaba la pantorrilla, tiró de ella hacia adelante.

Isabella terminó sentada de golpe en el suelo, con las dos piernas estiradas. Menos mal que tenía buena flexibilidad; aguantando el dolor del estirón, giró en el suelo y le lanzó un golpe a la parte de atrás de la rodilla.

Jairo lo esquivó primero y luego le agarró el brazo. Ella aprovechó el impulso para levantarse e intentar un gancho de izquierda, pero Jairo le inmovilizó ambas manos, atrapándola firmemente contra su pecho.

—¡No juegas limpio! —protestó Isabella, molesta.

Jairo le rozó la nariz con la barbilla.

—¿Y quién fue la que atacó por sorpresa?

—¡Eso se llama estrategia!

—¡Eso se llama ser una tramposa! —Jairo le observó la frente con atención—. ¿Alguien te molestó? ¿Quieres que te ayude a vengarte?

Isabella negó con la cabeza.

—Si tengo que vengarme de alguien, lo hago yo misma. No tiene chiste que lo haga alguien más.

Jairo sonrió.

—No tengas miedo de meterte en problemas, yo te cubro.

Isabella se acurrucó un poco más contra él, pero en ese momento percibió un olor.

—¿Tomaste?

—Un poco.

—Oye, ¿por qué tú sí puedes tomar y yo no? ¡No es justo!

—¿Ya se te antojó?

—Un poquito.

—Bella, pensé que… que no ibas a venir.

Isabella hizo una mueca y no pensaba dirigirle la palabra, pero entonces vio que Camila también se bajaba de ese mismo carro. Así que Otilia había venido con ella.

Camila, al ver a Isabella, se acercó a propósito a Otilia, la tomó del brazo y adoptó una actitud de gran cercanía.

—Yo también pensé que no tendría la cara para venir.

Isabella vio cómo Otilia le sonreía a Camila, como si nunca hubieran tenido un solo problema.

Pero hacía un año, fue precisamente porque Camila le había copiado un diseño a Otilia que esta no pudo entregar su trabajo. Como no se atrevía a enfrentarse a Camila, lo único que pudo hacer fue llorar desconsoladamente. Fue entonces cuando ella, como su amiga, salió a defenderla y obligó a Camila a retirar el trabajo.

Y por ese incidente, Camila le guardó rencor. De ahí vino después la acusación falsa de que le había robado un celular.

Por su amiga, siempre había pensado que había valido la pena, que no tenía nada de qué arrepentirse ni quejarse. Pero ahora… ¡ahora Otilia se había olvidado de todo y se había hecho amiga de Camila!

Entonces, ¿qué sentido tuvieron todas las humillaciones que ella sufrió?

—Vaya, vaya. Ayer un Porsche, hoy un Ferrari. Otilia, no me digas que este también es el carro de tu esposo. ¡Resulta que la amante tiene más clase que la esposa!

«¿Qué amante?».

Isabella frunció el ceño. ¿Otilia andaba diciendo que ella era la tercera en discordia entre ella y Gabriel Ibáñez?

***

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