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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 211

Leandro, que había tomado un tenedor para empezar a comer su filete, lo arrojó de vuelta al plato al escuchar la pregunta. Con un sonido metálico, levantó la cabeza y miró a Jairo con frialdad.

—¿Isabella fue tu primera opción para casarte?

Jairo enarcó una ceja.

—Aunque tu tono es bastante grosero, te voy a contestar: sí.

—¿Porque es tonta?

—Tu hermana no tiene un pelo de tonta.

—Entonces, ¿qué quieres sacar de ella?

—Quiero todo de ella.

—Tú no la amas.

—¿Y tú cómo sabes que no la amo?

—Ja, ¿apenas se conocen desde hace un mes, no?

—¿Acaso el tiempo es la medida de algo?

—¿Te crees la gran cosa?

—Soy nueve años mayor que tú.

—¿Y?

—Por lo menos no hago preguntas tan infantiles.

Aunque no pudo ganarle en la discusión, eso no significaba que Leandro se diera por vencido. Volvió a fulminar a Jairo con la mirada.

Jairo esbozó una sonrisa y, de reojo, vio algo que Leandro tenía sobre la mesa.

—¿A ti también te gusta el sudoku?

Leandro, como si hubiera encontrado la oportunidad perfecta para contraatacar, respondió de inmediato:

—Esto se lo compré a uno de mis alumnos. Ah, por cierto, está en sexto de primaria.

—Entonces, si pierdes, sería muy vergonzoso, ¿no? —dijo Jairo, entrecerrando los ojos.

—¿Echamos una partida? —lo retó Leandro.

—Claro —aceptó Jairo con una expresión astuta.

Isabella y Óscar regresaron, cada uno con un plato de fruta, charlando animadamente sobre chismes.

—¿La serie de época que está de moda este año? ¿El protagonista es el amante? ¡No puede ser! Es joven, guapo y rico, ¡qué necesidad tiene!

—El mundo del espectáculo es muy complicado. El caso es que la esposa ya lo quemó en redes, es un hecho comprobado.

—Creo que hace unos días lo vi en el celular, en algún evento o algo así.

—Pues lo está protegiendo una mujer muy poderosa. Dicen que, para desquitarse, mandó a golpear al esposo de la otra.

Isabella se metió un trozo de sandía en la boca y hasta salpicó jugo.

—Tú… ¿de dónde sacas todos esos chismes?

—Tenemos un grupo de chismes.

—¿Existe un grupo para eso?

—¿Quieres que te meta?

—¿Adivina de quién?

—¿Eso se puede adivinar?

—Dicen que de su esposo.

—No puede ser, qué enredo.

Los dos retomaron su plática. Estaban en lo mejor cuando Óscar recibió una llamada. Dijo un par de cosas apresuradamente, colgó y se levantó para irse.

—¿Pasó algo? —preguntó Isabella al verlo tan alterado.

Óscar resopló.

—La prometida de mi mejor amigo se fue a un hotel con otro tipo y él los cachó. Necesita que vaya a apoyarlo.

—Ah, entonces tú…

—¡Me llevo el carro de mi hermano!

—Pero tomaste.

—Fue vino de frutas, nada más.

—Aun así, no puedes.

Isabella vio que Jairo y Leandro seguían enfrascados en su duelo. Dudó un momento y luego dijo:

—Entonces, yo te llevo.

***

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