Una vez resuelto el asunto, Adriana volvió a mirar a Óscar.
Al sentir su mirada, Óscar se enderezó.
—Regresé ayer al país. Más tarde pasaré a visitar a tu mamá —dijo Adriana, acercándose a Óscar con una leve sonrisa.
Óscar asintió.
—Mi mamá te menciona a menudo.
—Escuché que… —la sonrisa de Adriana se desvaneció un poco—, ¿tu hermano se va a casar?
—Sí, el veintiséis de este mes. Mi familia debió de haberles enviado la invitación.
—La vi.
—Ah.
Adriana hizo una pausa.
—¿La novia se llama Isabella?
Óscar rodeó a Isabella con el brazo.
—E-esta es mi cuñada.
Solo entonces Adriana fijó su atención en Isabella, examinándola detenidamente.
—¿Nos hemos visto antes?
Isabella deseaba con todas sus fuerzas no tener ningún vínculo con la familia Méndez.
—No conozco a la señorita Méndez, nunca nos hemos visto.
—Entonces debe ser que tienen el mismo nombre —dijo Adriana con otra sonrisa—. Jairo y yo somos amigos. Felicidades.
—Gracias.
—Aunque debo admitir que me sorprendió bastante que anunciara su boda de repente. Supongo que la señorita Quintero debe tener algo especial que no se ve a simple vista, porque, por lo que veo ahora, no me parece que tenga nada fuera de lo común.
—Lo que yo parezca a tus ojos no tiene la menor importancia.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...