Isabella puso los ojos en blanco. Justo cuando pensaba taparse los oídos, la mujer habló.
—¿Alguna vez le hiciste esto a Isabella?
Isabella frunció el ceño. ¿Por qué la mencionaban a ella?
¿Esa mujer la conocía?
—No… ella… ella no se lo merecía —dijo Gabriel.
El comentario complació a la mujer, que soltó una risa de suficiencia.
—Cuando recién entró a la universidad, me quitó el título de la más guapa de la escuela. Muchos de los chicos a los que les gustaba, de repente empezaron a seguirla a ella. Después de graduarnos, fui a tu empresa por un asunto y me gustaste en cuanto te vi, pero resultaste ser su novio. Te estuve buscando por un mes y nunca cediste. Me rompiste el corazón.
—En ese entonces no sabía lo increíble que eras.
—Al final, terminaste en mis manos.
—Yo… ¡uf!
—Perdón, me emocioné y apreté de más.
Al escuchar eso y pensar un poco, Isabella finalmente recordó quién era esa mujer. Con razón le había parecido familiar.
Debido al pequeño incidente, la pareja se detuvo un momento, pero pronto reanudaron su actividad con renovado fervor.
A Carolina le gustaba dominar a los hombres y someterlos de maneras humillantes.
—¿Todavía la quieres?
—¿A Isabella?
—Sí.
—A la que quiero es a ti.
—No me vengas con eso. Lo nuestro es solo un juego, no hablemos de amor.
—Si la quiero o no, ya no importa. Lo que importa es que un día, te juro que un día…
—¿Qué vas a hacer?
—¡Haré que se arrepienta de haberme dejado, que me ruegue de rodillas que la perdone! ¡Y entonces la llevaré a la cama, la tomaré con todas mis fuerzas, en la posición más salvaje, y haré que grite mi nombre mientras llora y me llama “esposo”!
—¡Maldita sea, ya me excitaste!
Isabella estaba verdaderamente asqueada. Agarró la tetera que estaba sobre la mesa y la arrojó en su dirección.
Con un estrépito, la pareja se sobresaltó.
—¿Quién… quién anda ahí? —preguntó Carolina.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...