Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 240

La respiración de Isabella se aceleró.

—Amor…

—¿Cuántos intereses me vas a pagar? —le dijo, desabrochándole el pijama.

—¿Cuántos quieres tú? —respondió ella, jadeando.

—¿Te alcanza para pagarlos?

—Mmm, soy tuya.

Jairo la miró a los ojos, que estaban llenos de deseo y lo reflejaban a él. Se inclinó y la besó. Ante su apasionada respuesta, fue bajando poco a poco hasta llegar a la punta de su barbilla.

—Dime “esposo”.

—Esposo…

—Ya me pagaste los cien millones.

Isabella tardó un segundo en reaccionar, pero Jairo no le dio tiempo. La besó de nuevo, adueñándose de su cuerpo y sus pensamientos, y la arrastró con él a un abismo de placer.

Fue una noche de locura, pero a la mañana siguiente, Isabella se despertó fresca como una lechuga.

El chófer llevó primero a Jairo a la oficina. Cuando se bajaba del carro, ella lo llamó en voz baja:

—Esposo.

Jairo la vio sonreír con picardía y adivinó sus intenciones.

—Ahora eres tú la que me debe cien millones.

—Ja, ¿así que ya encontraste la forma de hacerte rico?

Isabella sonrió de oreja a oreja.

—Más te vale no hacerme enojar de ahora en adelante. Si no, te voy a llamar “esposo” sin parar, a cien millones por vez. ¡Te voy a dejar en la quiebra!

—Ni un asaltante de caminos hace dinero tan rápido.

—Je, je, y no solo te robo el dinero, también te robo a ti.

—A plena luz del día, mejor no. ¡Pero en la noche, déjate robar todo lo que quieras! —dicho esto, Jairo le dedicó una sonrisa maliciosa y se fue a trabajar.

Isabella se sentía muy victoriosa, pero al recostarse en el asiento, un dolor agudo le recorrió la espalda.

¿Sería posible…?

¡Imposible!

Isabella no quería hacerle caso a Gabriel. Con gente como él, cuanto más les respondías, más se te pegaban, y era imposible quitártelos de encima.

Al no escuchar más ruidos detrás de ella, pensó que se había rendido. Pero justo cuando abría la puerta, él se abalanzó sobre ella. Como la tomó por sorpresa, logró abrazarla por la espalda.

—Bella, ya no te enojes conmigo, ¿sí? No quiero a ninguna de ellas, solo te quiero a ti. Volvamos, ¿quieres?

Gabriel no se había bañado la noche anterior y olía a una mezcla de alcohol y perfume de mujer que era simplemente repugnante. Y al recordar la escena de él lamiéndole los pies a Carolina, sintió una oleada de náuseas.

—¡Suéltame! ¡Qué asco!

—No quieres que toque a otras mujeres, ¿verdad? Te lo prometo, en cuanto cierre el proyecto con Grupo Crespo, no volveré a tocarlas. ¡Ni a Otilia! ¡Ella no te llega ni a los talones!

Isabella todavía no se recuperaba del resfriado y no tenía todas sus fuerzas. Gabriel logró empujarla dentro de la casa.

—¿Qué quieres hacer?

—Bella, tú también me extrañaste, ¿verdad? Me muero por ti. ¡Hoy tienes que ser mía

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido