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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 256

—Entendido.

—¿No me vas a preguntar qué pasó?

—Si te molestó, la culpa es suya.

Isabella se sintió tan conmovida que abrazó el teléfono y le dio un beso.

—Esposo, eres el mejor. ¿Cuándo regresas? Quiero darte una bienvenida muy especial.

—¿Hay alguien contigo?

—No —respondió Isabella, pensando rápido.

—La palabra "bienvenida" no es la más adecuada.

—¿Eh?

—Deberías decir "postura".

Isabella parpadeó y vio a Óscar y Leandro aguantando la risa.

—No… no entiendo —dijo, carraspeando.

—¿Quieres que sea más explícito?

—¡No! Yo… me pondré guapa para que me disfrutes —dijo, sonrojada.

—¡Me refiero a la postura para cocinar!

—¿Ah?

—¿No ibas a prepararme una cena de bienvenida? La postura al cocinar es muy importante, si no, la comida no sale buena.

Isabella vio la sonrisa maliciosa de Jairo. La estaba molestando a propósito.

—¡Pues si te atreves a comer, yo me atrevo a cocinar! ¡A lo mucho, terminamos en el hospital antes de la boda!

Isabella colgó. Óscar y Leandro no pudieron más y soltaron una carcajada.

—Cuñada, ¿ustedes siempre hablan así de intenso?

Seguramente Jairo había advertido a Luciano. Y Luciano, probablemente ya enterado de su relación con Jairo, supo que no debía meterse con ella y se deslindó del problema.

Gabriel, al ver que no podía contar con Luciano, no tuvo más remedio que usar el dinero pendiente para pagar a los trabajadores. Y para haberlo conseguido tan rápido, seguramente se había esforzado. En resumen, Gabriel realmente temía que ella entregara la grabación a la policía.

—Dígales que yo no hice nada, que ese dinero se lo ganaron con su trabajo y que, ahora que lo tienen, se vayan a casa.

Con esa simple frase, Isabella despachó a los hombres.

No lo había hecho esperando agradecimientos, solo para terminar un trabajo que había dejado pendiente.

Elena la llamó a comer. Isabella se dio un baño, se secó el pelo y se vistió, tardando más de la cuenta. Elías subió a buscarla.

—Papá, ya estoy lista, ahora bajo.

Gritó desde la puerta y, justo cuando iba a bajar, Hernán la llamó.

—¡Señora, el señor Crespo tuvo un accidente!

***

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