En la comisaría, Isabella miró su propia firma en el comprobante de pago y sintió que el corazón se le hundía en el pecho.
Hacía dos años, Gabriel había estado a cargo de un proyecto para un parque de diversiones, pero el cliente lo había estafado. No solo no ganó dinero, sino que además contrajo una enorme deuda con un proveedor.
Aquel proveedor no era ningún santo y, al ver que no pagaba, se lo llevaron a una bodeguita para darle una paliza. Le amenazaron con que, si no conseguía el dinero en tres días, le cortarían una pierna.
Gabriel, muerto de miedo, corrió a la empresa a pedirle el dinero.
En ese momento, ella estaba a cargo del proyecto de una biblioteca que ya estaba casi terminado. El departamento de finanzas tenía listo el pago final para Construcciones Avanzadas.
Él insistió en que usaran ese dinero. Al principio, ella se negó; después de todo, la responsabilidad también recaería sobre ella.
—¿De verdad vas a dejar que me corten una pierna?
Se arrodilló frente a ella, llorando, diciendo que no tenía otra salida y que por favor lo salvara.
Isabella se ablandó. Sin embargo, no se lo dio directamente a él. Primero le preguntó a Raúl y, con su aprobación, le pidió a finanzas que le transfiriera el dinero directamente al proveedor.
Claro que ese proceso requería su firma. Nunca imaginó que, tiempo después, esa firma se convertiría en la prueba que usarían para acusarla.
—Ese dinero era el pago final que la empresa debía hacerle a Construcciones Avanzadas. Yo pensé que esa cuenta se había saldado hace dos años, ¡pero resulta que hace unos días vinieron de Construcciones Avanzadas a reclamarnos la deuda y fue cuando me enteré de que ella se había robado el dinero!
—¡Diez millones! ¡Qué agallas tiene!
—Oficial, queremos denunciarla. ¡Tiene que ir a la cárcel! —dijo Raúl, señalando a Isabella con una expresión de furia.
—¿Qué estupideces estás diciendo? ¡Ese dinero se le dio a Gabriel! —le reclamó Isabella, frunciendo el ceño.
—Oficial, escúchela, sigue tratando de justificarse. Dice que se lo dio a mi hijo, ¿no es ridículo? Además, ¿tienes pruebas?
Algo así era fácil de investigar. Isabella explicó rápidamente toda la situación. Solo tenían que verificarlo con el proveedor de aquel entonces y todo se aclararía.
El oficial que llevaba el caso la observó por un momento y dijo:
—Ese proveedor es una empresa fantasma.
—¿Qué? —se sorprendió Isabella.
—Le ordenaste a finanzas que transfiriera esa cantidad a una empresa fantasma, ¿cómo explicas eso?
—Yo…
Isabella se quedó helada. Gabriel le había dado los datos de una empresa fantasma, el paradero de los diez millones era desconocido y ella, como la persona que aprobó, firmó y autorizó todo, era la responsable…

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...