Esos dos se estaban usando mutuamente, no había amor de por medio, así que bastó una chispa para que empezaran a pelear.
Isabella dio un paso atrás y se cruzó de brazos para disfrutar del espectáculo.
Raúl le dio una bofetada a Diana, y ella se aferró al brazo de él para morderlo.
Gabriel acusó a Otilia de manipuladora, y Otilia lloraba reclamándole a Gabriel su crueldad.
De un momento a otro, la familia entera parecía dispuesta a matarse.
Después de un rato de gritos, finalmente reaccionaron. Daba igual si lo que Isabella decía era verdad o no; lo más importante en ese momento era mantenerse unidos para conseguir su objetivo.
Raúl respiró hondo y dijo:
—Aunque todo lo que dijiste fuera verdad, ¿y qué? Nuestra relación familiar no va a cambiar, ¡y nuestros intereses siguen siendo los mismos!
Isabella aplaudió.
—No por nada es el señor Ibáñez. ¡Aun con decenas de cuernos encima, sigue teniendo ese temple!
«¿Decenas de cuernos?».
A Raúl le costó soportarlo y apretó los dientes.
—¡Deja de decir tonterías! Te lo repito: si no quieres que tu reputación se vaya al diablo, ¡acepta nuestras condiciones!
—¡Sí, tienes que aceptar nuestras condiciones!
—¡Y ni un centavo menos de los cien millones!
La familia se unió a duras penas. Isabella bufó.
—Sigan soñando.
Dicho esto, se dio la vuelta para irse.
—Isabella, en diez días quiero ver el contrato del Grupo Crespo en mi escritorio. ¡Si no, prepárate para que la familia Crespo te eche de la casa! —le gritó Raúl a sus espaldas.
Isabella no había llegado ni a la puerta cuando escuchó a los Ibáñez empezar a discutir de nuevo. Quién dijo que sembrar discordia no servía de nada; si ellos la habían hecho sentir mal, ella se aseguraría de que ellos tampoco la pasaran bien.
Después de desahogar la mitad de su ira, decidió dejar a la familia Ibáñez en espera por ahora. Primero tenía que ocuparse de Erick. Apenas subió al carro, recibió una llamada de Elena. Le dijo que Elías Muñoz se había desmayado en casa y que ahora estaban en el hospital.
Al oírlo, Isabella giró el volante de inmediato y se dirigió al hospital.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...