Isabella entrecerró los ojos. Lo estaban haciendo a propósito para humillarla.
—¡No soy la nieta de Osiel!
La persona al otro lado del teléfono hizo un sonido de sorpresa, apartó el celular y gritó:
—Señor, dice que no es su nieta, ¿seguro que no se equivocó de número?
—Mi nieta me guarda rencor, no quiere verme.
Era él. ¡Era su voz!
Un escalofrío recorrió la espalda de Isabella, como si una mano con garras afiladas hubiera surgido de la oscuridad para agarrarla, clavando sus uñas en su carne, haciéndole daño, llenándola de miedo.
—¿Por qué le guarda rencor su nieta? —preguntó la persona.
—Hace años, su mamá mató a su papá, mi segundo hijo, y la arrestaron. Nos dio lástima la niña, que acababa de perder a su padre y ahora iba a perder a su madre, así que firmamos el perdón. Cuando su mamá salió, se la llevó y se volvió a casar. Nosotros extrañábamos mucho a nuestra nieta, así que íbamos a la ciudad de al lado a verla, pero su mamá no quería que la niña se acercara a nosotros y le dijo muchas cosas malas sobre nosotros, por eso nos guarda rencor.
—¡No es cierto, están mintiendo! —dijo Isabella entre dientes.
—Lo que más recuerdo es un invierno, no podíamos dormir de tanto que extrañábamos a nuestra nieta, así que decidimos ir a verla, aunque fuera de lejos.
¡Esa era la voz de Valeria Benítez!
El cuerpo de Isabella tembló violentamente. No pudo evitar recordar su infancia, cuando Valeria, por ser niña, siempre la insultaba e incluso la golpeaba a espaldas de su madre.
«Mi hijo se mata trabajando para mantener a una cualquiera, ¡y encima esa cualquiera me trae a otra que no vale nada! ¡Ustedes dos son la peor plaga que le ha caído a esta familia!».
Aunque era pequeña, sabía lo difícil que era la vida de su madre en esa casa, así que para no darle más problemas, aguantaba en silencio, una y otra vez.
Pero su paciencia no sirvió de nada. Cuando Valeria se enteró por su hijo de que ella no era su nieta biológica, primero le dio una paliza a su madre y luego, aprovechando que se había ido a trabajar, la engañó para subirla a un tren y la abandonó.
Tenía solo seis años. En el tren, rodeada de extraños, estaba tan asustada que ni siquiera se atrevía a llorar.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...