Isabella soltó un bufido y siguió caminando, pero las dos mujeres la bloquearon.
—Isabella, ¿cómo te atreves a meter a mi hijo en la cárcel? ¡Ve ahora mismo y dile a la policía que no vas a presentar cargos, que lo suelten ya! —le ordenó Diana.
Otilia también estaba angustiada.
—Bella, sé que hemos tenido problemas, pero al final somos familia. ¡No hay necesidad de llegar a esto!
Isabella se rio con desdén. Después de todo lo que había pasado, todavía intentaban manipularla.
—Ustedes sabían que estaba cometiendo delitos, pero no solo no lo detuvieron, ¡sino que lo apoyaron! ¡Toda su familia tiene los valores por los suelos, no respetan ni la moral ni la ley! ¡Si alguien le está haciendo daño a Gabriel, son ustedes!
—¡Isabella! —Raúl se levantó de un salto y se plantó frente a ella—. ¿Te das cuenta de que por tu culpa Gabriel puede ir a la cárcel?
—¡Ya te dije que no es mi culpa!
—¿Qué te hemos hecho nosotros? ¿En qué te hemos ofendido para que quieras destruir a la familia Ibáñez?
Isabella sintió ganas de reír.
—Creo que esa pregunta debería hacerla yo. ¿En qué los he ofendido yo para que no dejen de hacerme daño?
—¡Sin la familia Ibáñez, no serías nadie!
—¡Sin la familia Ibáñez, yo, Isabella, seguiría triunfando!
—Espera, ¿qué es eso de la cárcel? —dijo Diana, reaccionando tarde—. Solo fue una pelea, lo detendrán unos días y ya. ¿Por qué tendría que ir a la cárcel?
—¡Lo acusó de extorsión y homicidio en grado de tentativa! Si esos cargos se confirman, Gabriel pasará varios años en la cárcel. ¡Su vida estará arruinada! —gritó Raúl, con los ojos enrojecidos.
—¿Varios años en la cárcel? ¡Dios mío, no puede ser!
Finalmente, al comprender la gravedad de la situación, Diana entró en pánico y empezó a temblar.
Volvió a mirar a Isabella, pero se dio cuenta de que seguir ofendiéndola no le serviría de nada. Cambió de actitud y, juntando las manos, le suplicó:


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...