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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 340

—¿Quieres oír?

—Claro que quiero, cuéntamelo todo.

—Hablaba de la exnuera de Marcela. Una malagradecida, con eso te digo todo. La familia la trató como a una reina y ella terminó metiendo al hijo en la cárcel…

—¡¿Que su hijo estuvo en la cárcel?! —exclamó Isabella, fingiendo sorpresa.

—Tú… ¿A poco no sabías…?

—¿Y por qué lo metieron?

—¡Te digo que fue por culpa de la exnuera esa…!

—Vaya, pues qué mujer tan influyente, ¿no? ¿Qué hizo, lo obligó a matar o a robar? ¿O es que el hijo es tonto o se hace?

—¡Tú…!

—¿Y por qué dices «exnuera»? ¿A poco se casaron legalmente?

—Tú sabes perfectamente de quién hablo, tú…

—Pues yo no entiendo nada. ¿De quién estás hablando?

—Estoy hablando de…

—¡Ya basta! —la interrumpió Marcela—. ¡¿Qué es este escándalo?! ¡Mira que venir a decir tantas porquerías en un lugar como este, nos estás ensuciando los oídos a todas!

—Señora Crespo, pero todo lo que digo es verdad, ella…

Diana intentó defenderse, pero Ivana, al notar que Marcela estaba molesta, la detuvo de un tirón.

—Parece que no mides tus palabras. ¿Cómo te pones a decir lo que sea, verdad o mentira? A nadie le interesa oír eso. Mejor vete para allá, no vaya a ser que le molestes a alguien.

Diana dependía de Ivana para poder entrar a eventos como este, así que, aunque el regaño la dejó en completo ridículo, no se atrevió a responder y no le quedó más que levantarse para irse.

—Yo… tengo sed. Voy por un poco de té —dijo, buscando una excusa para salir de ahí.

Isabella, con una ligera sonrisa, le sirvió una taza de té caliente a Marcela. Su suegra la fulminó con la mirada, pero aun así aceptó la taza.

—Mamá, en la tarde me encontré a la señorita Méndez en el estudio de imagen, y me acabo de enterar de que la familia Crespo y la familia Méndez se conocen de toda la vida. La señorita Méndez hasta me dijo que ella y Jairo crecieron juntos, que a ti te cae súper bien y que te encantaría tenerla de nuera.

Marcela se limitó a beber su té, sin decir una sola palabra en todo momento. Y en esa situación, su silencio se convirtió en una forma de protegerla.

Isabella no pudo evitar sentir curiosidad. ¿Qué le habría dicho Jairo para que ahora estuviera dispuesta a defender a su nuera?

—Por cierto, hace poco me trajeron por avión unos granos de café de Colombia. Ayer los molí y hoy le pedí especialmente al barista que lo preparara para que lo probaran.

Eliana hizo una seña y un mesero se acercó con una bandeja de café.

—Si les gusta, puedo prepararles unas bolsitas de recuerdo para que se lleven un poco a casa.

La intención de Eliana de romper la tensión era obvia, y todos le siguieron la corriente, cambiando el tema de conversación hacia el café.

A Adriana se le subieron los colores al rostro. Puso de pretexto que iba al baño y se levantó de la mesa.

Una sonrisa torcida se dibujó en los labios de Isabella mientras se ponía de pie para seguirla.

«¿Así que intentaba tenderle una trampa para dejarla en ridículo?».

«Aunque no había caído, tenía que dejarle claro a Adriana cuáles eran las consecuencias de meterse con ella».

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